Opinión

Amar sin miedo

laura columnista
Colomnista. Laura Aguilar Roldán.

Pocas veces nos preguntamos cómo aprenden los niños a amar. Y, sin embargo, es una de las lecciones más importantes de la vida. No se aprende en una charla formal ni en un manual de crianza. Se aprende en lo cotidiano: en cómo escuchamos, cómo corregimos y, sobre todo, en si el adulto se queda o se aleja cuando algo no sale bien.

Desde la infancia, el amor se aprende en casa. La psicología del desarrollo ha demostrado que la seguridad emocional en los primeros años de vida está directamente relacionada con la autoestima, la regulación emocional y la calidad de las relaciones en la adultez. No es una percepción subjetiva: es evidencia acumulada durante décadas.

En México, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), alrededor del 20% de niñas, niños y adolescentes presenta síntomas asociados a ansiedad, estrés o depresión. Especialistas coinciden en que una parte importante de estos casos está vinculada al entorno familiar y emocional, no necesariamente a situaciones extremas, sino a dinámicas cotidianas de exigencia, castigo emocional o ausencia de contención afectiva.

En Querétaro, aunque los indicadores de bienestar suelen ubicarse por encima del promedio nacional, los datos del INEGI muestran un incremento sostenido en problemas de salud mental en población infantil y adolescente, especialmente ansiedad y dificultades para manejar emociones. Es decir, incluso en estados con mejores condiciones materiales, el bienestar emocional de las infancias sigue siendo un reto.


Cuando el afecto se condiciona —al comportamiento, al rendimiento escolar o a la obediencia— el mensaje que recibe el niño es claro: para ser amado hay que cumplir.

Ese aprendizaje no se queda en la infancia. Estudios en desarrollo humano indican que las personas que crecieron con vínculos afectivos inseguros presentan mayor miedo al abandono, dificultad para poner límites y mayor riesgo de relaciones de pareja desiguales o dependientes.

La Organización Mundial de la Salud ha señalado que la violencia emocional es una de las formas de violencia más normalizadas y menos visibles, pero también una de las que deja huellas más profundas a largo plazo. Gritos, humillaciones o retiro del afecto siguen justificándose como “disciplina”, aunque su impacto sea acumulativo y silencioso.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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