Es un término sumamente doloroso, pero retrata de cuerpo entero a quien la padece y llega al poder para saciarla, leo con interés en “Ni venganza, ni perdón”, como AMLO, por convicción y sus hijos, por derivación, vivieron hasta el 2018, en la justa medianía que promovía su padre, sin tarjetas, con 200 pesos en la cartera y viviendo en un pequeño departamento tras otro, una vez que su padre llegó al poder, se acabó el hambre, el mayor, y el más grande, José Ramón López Beltrán,“trabaja” para Grupo Vidanta, un grupo ampliamente beneficiado en el sexenio de AMLO, desde la supervisión del tren Maya, hasta la venta de hectáreas y más hectáreas con frente al mar en diferentes destinos, vendidas a precio de ganga, su esposa, la señora que tiene dinero, es asesora de una empresa petrolera que tiene múltiples negocios con PEMEX y que les “prestó” una mansión en Texas, el hermano grillo “Andy “, es cabeza de MORENA, presuntamente sus amigos se han enriquecido vendiendo desde ambulancias hasta el balastro del tren interoceánico que se descarriló, él ante las extenuantesjornadas de trabajo, vacaciona en Tokio a todo lujo. Como muchos políticos, hoy la mayoría de la 4T, son evidenciados dándose una vida de magnates, ejemplos como “Dato y Gato protegido” sobran.
Traían el hambre vieja y una vez que han llegado al poder, sacian su glotonería, solo les importa el dinero y el poder, creen que no los vemos, ojalá como ciudadanía estemos pendientes de estos políticos que se enriquecen de manera obscena, basta recordar a nivel local a un ex alcalde de la capital, que presumía sus humildes orígenes y en tres años de gobierno tuvo suficiente para que el tufo a corrupción lo persiga toda su carrera, si es que aún existe. Queda claro que la sociedad queretana, no es tonta, ni perdona, ni olvida. Sugerencia, si alguien en su equipo trae hambre vieja, póngalo a dieta, al menos para disimular.
Éxito y bendiciones
