Opinión

Ingeniería de la percepción

Columnista Julio Cabrera
Columnista Julio Cabrera /Cortesía

Hay una idea equivocada y adoptada de que la comunicación política solo sirve para explicar lo que un gobierno hace. Y esto en el mejor de los casos es incompleto. Es un error pensar que es un accesorio del gobierno, es más bien una de sus columnas estructurales.

La gente vive dentro de las historias que le permiten entender los indicadores.

Por ejemplo, la seguridad no se mide solo en cifras. Para entenderla hay que ver cómo se siente en la conversación de la gente.La economía se puede entender más allá de los porcentajes en que sí alguien se atreve o no a abrir un negocio. Ahí entra la comunicación.

Durante años, una parte de la clase política subestimó esto. Pero también es cierto que el impacto de la era digital cambió el tablero.


Ya no solo es comunicar haciendo boletines, subiendo fotos, pautar campañas o repetir slogans.

La comunicación política es más profunda, más cultural, incluso más psicológica.

Tiene que ver con la forma en que una sociedad interpreta su presente y por lo tanto decide o al menos visualiza su futuro.

Por eso hay gobiernos que hacen mucho, pero la gente siente que hacen poco.Y hay liderazgos que hacen menos, pero logran instalar la idea de transformación histórica.

Eso es narrativa.

En política, quien define el marco mental, define la conversación.

Y quien define la conversación, reduce el margen de acción del adversario (político).

Gana quien entiende que no se compite solamente por aprobación. Se compite por significado.

Decía George Lakoff que las personas no procesan la política desde los datos, sino desde marcos mentales previamente instalados. Esos marcos funcionan como atajos de interpretación. Ordenan la realidad antes de que la razón entre en juego.

No es lo mismo hablar de “gasto social” que de “inversión en familias”.No es lo mismo decir “continuidad” que “protección de lo que sí funciona”.No es lo mismo “cambio de gobierno” que “riesgo de retroceso”.

Las palabras encuadran la realidad política.

Y cuando un encuadre conecta, se vuelve sentido común.

Metafóricamente hablando, gobernar es construir un edificio.

Pero comunicar es lograr que la gente crea que vale la pena vivir dentro de él.

Filigrana

Y al final, un país avanza por lo que sus ciudadanos creen posible construir junto a su gobierno.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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