Opinión

¿Cambiamos la puerta del Congreso?

Daniel Dorantes Guerra
Daniel Dorantes Guerra /Cortesía

Si cambian las reglas del sistema electoral, cambia algo más que un procedimiento. Cambia la forma en que se construye el poder.

La semana pasada dejé una promesa sobre la mesa, volver a este tema. Hoy toca entrarle a una de las piezas más importantes de las propuestas de reforma electoral presentadas por la Presidenta Claudia Sheinbaum, la representación proporcional.

La representación proporcional es un mecanismo para que el Congreso no se integre sólo con quienes ganan por mayoría. También permite que fuerzas políticas que sí tienen respaldo ciudadano, pero que no ganaron en su distrito, tengan presencia en las Cámaras.

En otras palabras, no sustituye a quienes ganan la elección directa; evita que una sola voz o partido se quede con todo.


En la Cámara de Diputaciones, la propuesta mantiene el tamaño actual: 300 diputaciones de mayoría relativa (las que se votan directamente) y 200 de representación proporcional. Es decir, las llamadas “plurinominales” no desaparecen. Lo que cambiaría es la forma en que se integrarían.

La iniciativa plantea dividir esas 200 en dos caminos.

El primero: 100 lugares para personas que compitieron en su distrito y no ganaron, pero que obtuvieron los porcentajes más altos de votación dentro de su propio partido. Es decir, quienes se quedaron más cerca de ganar.

Aquí aparece uno de los cambios importantes. La fórmula no cambia en lo esencial: si a un partido le corresponden cierto número de diputaciones por su votación, ese número seguiría siendo el mismo. Lo que sí cambia es quién ocupa esos espacios. Hoy se asignan desde listas registradas por los partidos; la propuesta plantea que una parte se integre con sus mejores contendientes en los distritos.

El segundo camino contempla otros 100 lugares que se disputarían en cinco circunscripciones regionales mediante votación directa sobre candidaturas registradas por los partidos. En esa vía también se contempla la participación de diputaciones vinculadas a mexicanas y mexicanos residentes en el extranjero.

En el Senado también habría cambios. Hoy la Cámara alta se integra por 128 personas: 64 de mayoría relativa, 32 de primera minoría y 32 de representación proporcional. La iniciativa propone reducirla a 96 y eliminar esas 32 de lista nacional.

Leyendo una columna del buen César Zafra me quedé pensando en algo: ¿cómo se vería todo esto desde lo local?

Querétaro forma parte de la quinta circunscripción junto con Colima, Estado de México y Michoacán. Esa región suma 59 distritos federales: 40 del Estado de México, 11 de Michoacán, 6 de Querétaro y 2 de Colima.

Si vemos esos números y el tamaño del electorado, el contraste es claro: el Estado de México concentra más de la mitad de las personas votantes de esa circunscripción; Michoacán cerca de un tercio; Querétaro alrededor de una décima parte; y Colima una proporción menor.

¿Por qué importa?

Porque cuando una parte de la representación proporcional se disputa en un tablero regional, el tamaño del electorado también entra al juego. Las candidaturas tendrían que hacer campaña en todos esos estados. Quien provenga de una entidad muy poblada puede tener mayor presencia dentro de la circunscripción. En cambio, alguien de un estado más pequeño tendría que competir en un terreno mucho más amplio y menos conocido.

La discusión apenas comienza. Porque cuando cambia la forma en que se integra el Congreso, no se mueve sólo un detalle técnico.

Se mueve la puerta por la que se entra al poder.

Eso es La Caja Negra.

Cuando entiendes el sistema, dejas de ser rehén de él.

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