Cuando la ciudad duerme, otra ciudad despierta. No es la del trabajo de los reflectores, ni la del espectáculo. Es la jornada de trabajo nocturno, una que se mueve en silencio mientras la mayoría descansa. En esa ciudad paralela, miles de mujeres sostienen servicios esenciales en fábricas, hospitales, calles, auditorios y espacios públicos que apenas unas horas antes estaban llenos de vida y de diversión.
La jornada nocturna femenina es una de las realidades menos visibles del mundo laboral. No porque no exista —al contrario— sino porque rara vez forma parte del debate público sobre empleo, desigualdad o condiciones laborales, y más aún de repercusiones en la salud.
En México, más de 25 millones de mujeres participan en el mercado laboral, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Muchas de ellas se concentran en sectores que requieren continuidad operativa durante las 24 horas del día: hospitales, industria manufacturera, servicios urbanos, seguridad, transporte o limpieza.
La noche, no podemos considerarla en este sentidoeconómico, como una pausa, sino como una extensión del día, es lo que los especialistas denominan como la economía noctura urbana.
En los hospitales, por ejemplo, el sistema de salud funciona gracias a guardias nocturnas que garantizan la atención permanente de pacientes. Ellas son enfermeras, médicas, laboratoristas, personal de limpieza y apoyo administrativo trabajan durante largas jornadas que atraviesan la madrugada. Estas labores implican no solo exigencias físicas, sino también una presión emocional constante, especialmente en contextos de urgencia o emergencia.
Algo similar ocurre en la industria manufacturera y que la industria opera bajo esquemas de turnos continuos que incluyen jornadas nocturnas para mantener la productividad, ya que en todo el país, miles de mujeres participan en líneas de producción que no se detienen cuando cae la noche.
Pero existe también otro espacio laboral menos visibledel que se menciona muy poco, el de los servicios que se activan cuando los espectáculos terminan, tales como conciertos, eventos deportivos, ferias o festivales movilizan a miles de personas durante algunas horas, pero una vez que el público se retira comienza otra jornada, donde principalmente mujeres sin saber si cuentan con un contrato formal o por evento realizar la limpieza, retiro de residuos y logística de mantenimiento y reorganización de las instalaciones, para su uso en el día siguiente la mayor parte de las ocasiones.
Esto, lo observé directamente hace unas semanas saliendo de un concierto en uno de estos centros de espectáculos y conciertos, cuando salía tiempo previo a la conclusión del concierto, y por las calles aledañas caminaban sólo un grupo de más de 100 mujeres de todas las edades, desde 18 años, hasta las de más de 65 años, con solo un mochila a la espalda, ropa cómoda para trabajar, y por curiosidad les pregunté,cual era su horario y me comentaron que desde lasonce de la noche hasta terminar de realizar limpieza total, recoger basura, acomodo de sillas del centro del lugar del concierto, donde varias me citaron que era un “extra” ya que es eventual.
Esta jornada nocturna femenina principalmente revela que el problema no es estadístico, ya que no se ha contemplado en cifras de INEGI, sino social, pero principalmente invisible para la legislación, y lo cual no está contemplado aún en las políticas públicas. Considero que ésta jornada nocturna conformada principalmente por mujeres de todas las edades, no es solo estadístico, es social, y principalmente ha sido invisble para la legislación, ya que no sabemos si dicha actividad es remunerada conforme a la ley, si cuentan con pretaciones en materia de salud.
