Hay algo que muchas madres pensamos con frecuencia: queremos que nuestras hijas crezcan seguras, libres y capaces de tomar sus propias decisiones. Queremos que sepan que su voz importa y que pueden construir el camino que deseen para su vida.
Pero la autoestima de una niña no aparece de forma automática. Se construye poco a poco, en las palabras que escucha, en el ejemplo que observa en casa y en la manera en que la acompañamos cuando duda de sí misma.
Las niñas suelen comenzar la infancia con una enorme seguridad. Son curiosas, preguntan, participan y muchas veces creen que pueden lograr todo lo que se propongan. Sin embargo,diversos estudios muestran que esa confianza puede disminuir al entrar a la adolescencia. De acuerdo con UNICEF, muchas niñas comienzan a perder seguridad entre los 10 y 13 años, influenciadas por la presión social, los estereotipos y las comparaciones que hoy también se amplifican a través de las redes sociales.
En México, este tema es especialmente relevante. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)muestran que las mujeres realizan alrededor del 71% del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado del país. Esto significa que, desde edades tempranas, muchas niñas crecen en entornos donde las expectativas sobre su rol social pueden limitar la manera en que se perciben a sí mismas y las oportunidades que creen tener.
Por eso fortalecer la autoestima durante la infancia es fundamental. Diversas investigaciones coinciden en que una autoestima sólida está relacionada con mayor permanencia escolar, menor riesgo de violencia y una mayor capacidad para tomar decisiones en la vida adulta.
Pero la autoestima no se construye únicamente con grandes discursos. Se forma en los pequeños momentos cotidianos: cuando escuchamos con atención lo que una niña quiere decir, cuando respetamos sus emociones o cuando reconocemos su esfuerzo, incluso cuando se equivoca.
Las niñas que crecen sintiendo que su voz importa desarrollan mayor confianza para expresar sus ideas, poner límites y defender sus derechos. Y esas habilidades se convierten en herramientas clave para enfrentar los retos de la vida.
Acompañar la autoestima de las niñas no es solo una responsabilidad familiar; es también una tarea social. Las escuelas, las comunidades y las instituciones tienen un papel importante en la construcción de entornos donde puedan crecer con oportunidades, educación y confianza en sí mismas.Invertir en las niñas es invertir en el futuro de cualquier sociedad.
Porque cuando una niña aprende a creer en sí misma, no solo cambia su propia historia.
También cambia el futuro de su familia, de su comunidad y de la sociedad en la que vivirá
