Hay una forma de poder que no se vota, pero sí hace campaña todo el tiempo.
Decide qué tema te indigna, qué historia te emociona, qué personaje te parece relevante, y cuál ni siquiera existe para ti.
Durante años aprendimos que la conversación pública se construía en plazas, en los medios, o en debates. Hoy, gran parte de esa conversación pasa por un filtro silencioso: el algoritmo.
Aquí es donde se pone buena la cosa, porque ese filtro no es neutral.
El multi citado Daniel Kahneman lo explicó sin hablar de política digital, pero describiendo perfectamente su efecto. Los seres humanos no pensamos en probabilidades, pensamos en lo que tenemos disponible en la mente. Lo llamó heurística de disponibilidad.
Si lo que ves todos los días es inseguridad, percibes un país inseguro. Si lo que ves es avance, percibes progreso. No porque sea toda la realidad, sino porque es la parte que te tocó ver. O más precisamente, la parte que alguien decidió que vieras.
Ahí entra el algoritmo. Como un “optimizador de atención” que te muestra lo que más te engancha. Y lo que más te engancha, quizá no es lo más equilibrado.El psicólogo social Jonathan Haidt nos dice que las redes no sólo amplifican emociones, amplifican las más rentables. Indignación, miedo, enojo. Porque estas generan interacción, y la interacción es el negocio. ¡Touché!Por eso, cuando abrimos el teléfono, estamos entrando a una versión diseñada para retenernos de manera emocional e inmediata. Y sí, más adictiva también.
Esto tiene consecuencias políticas.
En Estados Unidos el debate público dejó de ser uno solo hace tiempo. Hoy existen múltiples burbujas donde cada grupo habita su propia narrativa.
En México empezamos a ver lo mismo. Conversaciones que corren en paralelo pero que jamás cruzan, percepciones tan distintas que ignoran la realidad.
En ese contexto, la pregunta ya no es quién tiene la razón.
La pregunta es quién está logrando entrar en tu pantalla. Porque quien entra ahí, entra en tu cabeza, y desde ahí opera (aunque duela) sin permiso.
Y ahora la paradoja que más debería inquietarnos.
Creemos que elegimos lo que vemos. Pero en muchos casos, es lo que vemos lo que termina construyéndonos a nosotros. Moldeando opiniones, calibrando emociones, expandiendo o cerrando el mundo según lo que alguien más optimizó para retenerte.
Sin que lo notes. Sin que lo votes. Sin que puedas protestar.
Hace tiempo que vivimos en el terreno donde hoy se construyen reputaciones, se destruyen carreras y, en muchos casos, se ganan o se pierden elecciones.
Entender el algoritmo pasó de ser un tema técnico a un tema de poder.
En filigrana
Hace una semana, en paz y rodeada de su familia, se despidió de este plano terrenal Carmelita Calzada Urquiza. Aún con lágrimas en los ojos, la recuerdo con cariño y con el más grande agradecimiento por su amor y su acompañamiento. Se queda en el corazón de todas y todos quienes la quisimos tanto. Un abrazo para Angélica, Jorge, Isabela y Jorge, mi ahijado.
