Opinión

En 2027, Querétaro no solo va a elegir quién gobierna.

Daniel Dorantes Guerra
Daniel Dorantes Guerra /Cortesía

En 2027, Querétaro no solo va a elegir quién gobierna. También va a empezar a elegir quién juzga en lo local.

La reforma judicial local aprobada el viernes pasado por el Congreso de Querétaro ya puso otra pieza sobre la mesa: en 2027 también entrarían a la boleta juezas, jueces, magistradas y magistrados del estado. Así está planteado en el nuevo diseño. Claro, todavía falta el paso por los ayuntamientos, porque al tratarse de una reforma constitucional local necesita ese aval.

Y creo que justo ahí está el punto que vale la pena mirar con calma, porque esto no es solo una discusión para personas abogadas, legisladoras o gente metida en tribunales. Esto, desde ahora, ya cambia radicalmente la elección de 2027

Primero, porque en Querétaro ya no estaríamos hablando únicamente de quién gobierna o legisla. También estaríamos hablando de quién imparte justicia.


Y segundo, porque el movimiento no viene solo. A nivel federal, la reforma judicial tampoco se agotó de una vez. Parte de esa renovación quedó para 2025 y otra sigue pendiente para 2027. Es decir, si esta ruta local termina de cerrarse, Querétaro llegaría a esa elección con frente local y frente federal en materia judicial al mismo tiempo. Algo inédito.

En suma, 2027 puede convertirse en una elección bastante más cargada de lo que podemos imaginar.

Además, conviene voltear a ver que la reforma queretana no solo replica el esquema federal, sino que incorpora una apuesta propia. Habla de un Modelo Querétaro de acceso a la justicia.

¿Qué quiere decir eso? Que no todo tenga que terminar en un juicio largo y tedioso, sino que haya más espacio para la mediación, la conciliación, la justicia cívica y los mecanismos alternativos. Es decir, una idea de justicia más cercana, más accesible y no necesariamente atada, desde el inicio, al litigio tradicional. Suena bien. Y, bien hecho, puede servir, aunque también exige algo que suele ser mucho más difícil que la propia reforma: su implementación. Sobre ese punto, y sobre el alcance real de esos mecanismos, valdrá la pena detenernos con más calma en otra entrega.

Ahora, otra situación importante es que lo ya aprobado es la base constitucional. La letra fina todavía viene después, con las leyes secundarias.

Ante ello, creo que vale la pena empezar a hablar de esto desde ahora. No cuando llegue la campaña, no cuando la boleta ya esté impresa, no cuando todo mundo ande tratando de entender al mismo tiempo qué pasó.

Es necesario hablarlo hoy, porque 2027 no solo puede ser una elección grande. Yo creo que será una elección inédita en la manera en que van a coincidir en la conversación pública poderes del Estado con funciones y fines completamente distintos, pero que ahora convergerán en algo muy concreto: el voto popular como vía de elección.

Y ahí también hay un reto evidente: que como autoridades electorales podamos transmitir con claridad a las y los votantes para qué se vota por una persona y para qué se vota por otra, partiendo de que no se elige lo mismo cuando se vota por quien gobierna que cuando se vota por quien juzga.

Eso obliga a algo muy básico, pero muy serio: claridad.

Porque cuando una elección se vuelve difícil de explicar, también puede volverse difícil de entender.

Eso es La Caja Negra.

Cuando entiendes el sistema, dejas de ser rehén de él.

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