¿Crees que en 2027 todas y todos vamos a ver la misma elección desde el celular? Yo pienso que no.
Más bien creo que cada persona puede terminar viendo una campaña distinta en su pantalla. A una le van a salir temas de seguridad, a otra de economía, a alguien más memes, encuestas, entrevistas o frases que parecen explicar todo aunque quizá no sea así. Y de esa forma, casi sin darnos cuenta, cada quien puede entrar a una elección diferente.
Por eso el término democracIA.
No porque la inteligencia artificial vaya a sustituir a la democracia, sino porque cada vez pesa más en la forma en que nos informamos, en lo que vemos primero, en lo que repetimos y hasta en lo que terminamos creyendo.
Aquí, creo, vale la pena separar dos cosas: una es el algoritmo y otra es la inteligencia artificial.
El algoritmo decide qué te aparece, qué te insiste y qué te deja de mostrar. Te acomoda la información según tus hábitos, tus búsquedas, el tiempo que te quedas viendo algo y hasta lo que reaccionas o compartes. O sea, no solo acomoda contenido, también atención.
La inteligencia artificial entra después, y ahí el asunto se pone más serio. Porque ya puede editar audios, fabricar imágenes, clonar voces, resumir mensajes, personalizar contenidos y hacer que una mentira bien hecha parezca verdad durante unos segundos. Y, en política, unos segundos bastan para sembrar duda.
Ahí tenemos el caso de Cambridge Analytica que dejó claro hace años que los datos personales, el perfilado y la propaganda segmentada podían influir en la conversación política y abrir una discusión mundial sobre democracia, privacidad y manipulación digital.
Y sí, también hay algo muy bueno. Hoy todas y todos podemos opinar, transmitir, contrastar versiones y abrir conversación sin necesitar una gran plataforma.
Pero no todo es tan simple, pues junto con esa apertura llegan las burbujas de filtro. Esos espacios donde terminamos viendo más de lo que ya pensamos y más de lo que confirma nuestra propia idea de las cosas. Y cuando eso pasa, la conversación pública se rompe en pedazos. Ya no todas las personas vemos lo mismo ni discutimos desde el mismo punto.
A veces hay tanta información que, en lugar de aclarar, termina confundiendo. Y cuando eso sucede, la claridad vale oro. Ahí, creo, la autoridad electoral tenemos una tarea cada vez más importante: hacer didáctica democrática, explicar con claridad y dar información certera.
Para mí, ahí está el fondo del asunto, no basta con preguntarnos quién va a competir. También hay que preguntarnos cómo vamos a mirar esa competencia y desde dónde la vamos a entender.
Porque al final el algoritmo no vota,
pero sí puede empujar mucho de lo que vemos antes de votar.
Eso es La Caja Negra.
Cuando entiendes el sistema, dejas de ser rehén de él.
Va
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