Opinión

¿Campaña? Todavía no. ¿Política? Por todos lados.

Daniel Dorantes Guerra
Daniel Dorantes Guerra /Cortesía

Esta semana, después de una charla que fui a dar al centro de Querétaro, una persona se me acercó en privado y me soltó una pregunta bien interesante: “Si las campañas empiezan hasta el año que entra, ¿por qué vemos tanta política por todos lados?”

Aunque el comentario surgió al final de una plática sobre derecho electoral, sentí que no buscaba una respuesta jurídica. Lo percibí como una duda ciudadana, de alguien que sale a trabajar, maneja, abre redes, ve revistas, pasa frente a bardas y espectaculares, y siente que la política ya no se apaga.

Una acotación antes de seguir: no hablo de un partido, de una persona ni de un caso concreto. Tampoco digo que algo sea ilegal. Eso solo puede revisarse caso por caso, con pruebas, contexto y reglas. Aquí hablo de algo más general: la distancia entre lo que marca el calendario electoral y lo que la gente ve en la calle.

Las campañas tienen fecha, y qué bueno que la tengan, porque sin reglas la competencia democrática sería un relajo. Pero vivimos en una época donde la comunicación pública no descansa. Las redes no esperan calendario, los medios no se detienen, las figuras públicas no desaparecen y la conversación política sigue todos los días.


Por eso es normal que haya presencia pública antes de las campañas. No toda entrevista es propaganda, no toda aparición pública es campaña, no toda barda o publicación, por sí sola, significa una infracción. La vida pública no se puede congelar.

El punto es otro.

En la comunicación política de hoy hay una idea simple: antes de convencerte, buscan que recuerdes; antes de pedirte apoyo, buscan que algo te suene familiar; antes de hablar de votos, buscan ocupar un lugar en tu memoria. Es decir, no siempre te piden el voto primero. Primero quieren que las y los ubiques.

Y ahí se pone interesante, porque el derecho electoral revisa estos temas con cuidado: quién dijo qué, cuándo lo dijo, dónde, con qué alcance, en qué contexto y si hubo o no un llamado al voto, directo o equivalente. Así debe ser. Una autoridad no resuelve por corazonada ni porque “parece”. Resuelve con pruebas y conforme a la ley.

Pero también vale la pena preguntarnos: ¿las reglas actuales alcanzan para leer la política de hoy?

Antes era más fácil distinguir una campaña: acto público, propaganda clara, llamado al voto y tiempos definidos. Hoy muchas cosas son más sutiles: aparecer sin pedir, repetirse sin anunciarse, sonar sin declararse, estar presente sin decir todavía “soy candidato” o “soy candidata”.

Insisto: eso no vuelve ilegal todo lo que vemos. Pero sí produce efectos: genera memoria, construye familiaridad.

Por eso la pregunta de aquella persona es tan valiosa: “si todavía no empieza, ¿por qué parece que ya empezó?”

Ahí hay una conversación que conviene tener. No para prohibir todo ni perseguir cada foto, entrevista o mensaje, sino para pensar si nuestras reglas siguen entendiendo una realidad donde la comunicación política ya no vive solo en los tiempos formales de campaña.

El calendario electoral ordena a las instituciones. La percepción de la gente se construye diario: en la calle, en el celular, en redes, en bardas y espectaculares.

Y si la política cambió, el derecho electoral también tendrá que preguntarse si la está leyendo bien.

Cuando entiendes el sistema, dejas de ser rehén de él.

Sígueme en redes: @ddorantesqro.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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