Opinión

Cuando el dinero ya no alcanza: lo que se decide arriba se paga en casa

Columnista Laura Aguilar.
Columnista Laura Aguilar. /Cortesía.

Hay algo que está pasando en México y no necesita explicarse con indicadores: se siente. Se siente en la despensa, en el súper, en cada carga de gasolina. Se siente en ese momento incómodo en el que haces cuentas y, simplemente, ya no alcanza.

Hoy se insiste en que la inflación está controlada, que ronda el 4.5%. Pero la economía real no se vive en promedios. Se vive en lo que compramos todos los días. Y ahí, la historia es otra.

Los alimentos básicos —jitomate, limón, cebolla, papa— han subido hasta 20% o más en cuestión de días. La gasolina se mantiene por arriba de los 23 pesos por litro, impactando no solo el traslado de las personas, sino todo lo que llega a nuestra mesa. Porque cuando sube la gasolina, sube todo.

Y ese es el punto que no se puede ignorar: las decisiones económicas que se toman a nivel nacional están afectando directamente a las familias en todo el país.


No es un tema técnico. Es un tema cotidiano.

Desde el norte hasta el sur, la realidad es la misma. En estados con mayor rezago, el ingreso se destina casi por completo a lo básico. En las grandes ciudades, donde el costo de vida ya era alto, las familias están recortando, sustituyendo, ajustando. En todos los casos, el resultado es el mismo: el dinero rinde menos.

Como mamá, esto no se ve en cifras. Se ve en decisiones. En cambiar marcas, en modificar la comida, en hacer rendir un presupuesto que ya no responde igual. En preguntarse cada semana si la quincena va a alcanzar. En esa sensación constante de estar resolviendo con menos.

Porque mientras los costos suben —alimentos, transporte, servicios—, los ingresos se mantienen prácticamente iguales. Y ahí es donde la economía deja de ser una discusión pública y se convierte en una carga privada.

Las estrategias que se anuncian desde el gobierno federal —como acuerdos para contener precios o mecanismos como el PACIC— no han logrado frenar el impacto real en los hogares.

Porque el problema no es solo la inflación: es el encarecimiento sostenido de lo indispensable. Y cuando lo indispensable se vuelve más caro, no hay margen de maniobra.

Lo que está ocurriendo no es aislado ni temporal. Es una presión constante sobre millones de familias que están haciendo lo posible por sostener su día a día. Familias que no piden más, pero sí necesitan que lo básico sea accesible.Por eso es importante decirlo sin rodeos: cuando el dinero ya no alcanza, el problema no está en las familias.

Está en un modelo económico que no está respondiendo a la realidad que se vive todos los días.

Porque la economía no se mide en discursos. No se mide en porcentajes. Se mide en lo que puedes poner en la mesa. Y hoy, en México, esa es la verdadera preocupación.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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