Opinión

Antes del silbatazo electoral

Daniel Dorantes Guerra
Daniel Dorantes Guerra /Cortesía

Un Mundial no empieza el día del primer partido. Mucho antes de que ruede el balón, la gente habla de convocatorias, equipos favoritos, playeras, calendarios y del luegar en el que verá los juegos. Hay una fecha de inicio (que por cierto para el Mundial 2026 será el 11 de junio con el partido México vs Sudáfrica), pero el ambiente empieza antes; se siente en la escuela, en la casa, en el taxi, en el trabajo y en cualquier plática alguien termina sacando el tema, aunque falta tiempo.

Pensemos en el álbum del Mundial... el torneo todavía no arranca y hay gente buscando estampitas, cambiando repetidas o emocionándose porque les salió una difícil. El Mundial aún no empieza, pero muchas personas ya están armando su propio mapa del torneo con nombres, caras y equipos favoritos.

Con las elecciones pasa algo parecido. La ley marca cuándo inicia el proceso electoral, pero la vida pública no se prende con interruptor. Antes de la fecha oficial ya hay conversación, dudas y señales. La gente empieza a preguntar quién va, qué se elige, cuándo empieza, qué se vale y qué significa todo eso para Querétaro rumbo a 2027.

Ahí aparece una pregunta normal: si todavía no estamos en campaña, ¿cómo leemos lo que está pasando a nuestro alrededor? La respuesta no es decir que todo está mal ni que todo se vale, por el contrario, en lo electoral hay que observar el contexto, porque no todo lo que huele a elección es campaña, pero tampoco todo lo que ocurre antes del calendario formal puede verse como si no importara.


Una cosa es aparecer en el álbum de la conversación pública y otra muy distinta aparecer formalmente en la boleta. En el futbol, tener una estampita no significa que ese jugador será figura del torneo, así, en política, que un nombre suene mucho tampoco significa que ya se trate de una candidatura.

Por eso el calendario electoral importa mucho, porque sirve para poner orden y saber cuándo empieza cada etapa: proceso electoral, precampañas, registros, campañas, fiscalización, casillas, boletas y jornada electoral. Sin calendario, todo se vuelve una licuadora; con calendario, cada cosa tiene su momento.

Ahora, hay que ser realistas, la ciudadanía no vive la política leyendo calendarios oficiales. La vive desde lo que ve, escucha, le cuentan y se comenta en la calle. Por eso hay que explicar estos temas sin fingir que el ambiente político no existe.

Rumbo a 2027, Querétaro tendrá una elección muy importante y es normal que el ambiente empiece a moverse. Lo sano es no espantarnos por todo, pero tampoco normalizar cualquier cosa. Hay actividad política propia de la vida pública, estrategias para posicionar nombres y conductas que pueden cruzar líneas legales. Para distinguir una cosa de otra hay que mirar qué se dijo y con qué finalidad.

En elecciones, como en el futbol, el calendario importa, las reglas importan y el juego limpio importa. Aunque falte para el partido formal, conviene entender qué se mueve y por qué no todo lo que vemos antes del silbatazo se lee igual.

Cuando entiendes el sistema, dejas de ser rehén de él.

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