Opinión

Lucha de discurso sin gente

Columnista Fernanda Pacheco
Columnista Fernanda Pacheco /Cortesía

El fin de semana pasado México tuvo dos escenarios que retratan con claridad el estado de nuestra conversación política. En Chihuahua el PAN convocó a expresidentes, gobernadores y militantes bajo el mensaje: “Si se meten con Maru Campos, se meten con todas y todos nosotros”.

Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum reunió a más de 130 mil personas en el Monumento a la Revolución para recordarle al país: “México no es piñata de nadie”.

Dos eventos, dos discursos, dos banderas definidas. Sin embargo, la pregunta que ninguno de los dos bandos respondió y queda en el aire es, ¿en qué le ayudó a la gente tanta movilización y dinero gastado?

Morena lleva años construyendo una narrativa poderosa y con arraigo probado.


Así lo demuestra el reciente estudio publicado por El Universal, según el cual 34 por ciento de la población se considera morenista. Y la presidenta Sheinbaum intenta refrendarlo cada vez que sube a un templete.

El pasado domingo, no fue la excepción. Decidió argumentar desde un lugar seguro, pues Morena convirtió la deuda histórica de clase en identidad colectiva.

La cuestión es hasta cuándo alcanza con ser de Morena para portar un estandarte de moralidad y la etiqueta de pueblo sin que la mayoría de la ciudadanía lo cuestione.

El día anterior, el PAN llegó a Chihuahua con su mayor despliegue en años. Fox,

Calderón, Anaya, Zavala, todos en el mismo templete y con la misma consigna “o estás con los que, jurando defenderte, lo que hicieron fue aliarse con el crimen organizado; o estás con los que, jurando defenderte, combaten al crimen organizado”.

Fox y Calderón son la principal contradicción del PAN. Para la militancia son referentes de lucha, para otros muchos mexicanos representan a las élites gobernando en contra del pueblo. Estas contradicciones las vemos reflejadas en el cuatro por ciento de identidad partidista nacional según la encuesta del Universal antes mencionada.

Una oposición que quiere “arrancar” espacios combatiendo al narcogobierno, pero que hoy no tiene simpatizantes fuera de sus bastiones. Un presidente municipal, gobernador, regidor, vinculado al crimen organizado puede significar un corrupto más en la cotidianeidad de la gente.

Siguen sin explicar cómo un narcogobierno impacta en el precio del kilo de tomate, en la extorsión en el tianguis, en la gentrificación, en la desaparición de un hijo. En ese momento dejará de ser un argumento político para convertirse en una demanda social irresoluble para el gobierno federal.

Este fin de semana ambos partidos dieron una batalla de identidades en un país donde las mayorías siguen esperando que alguien les hable de su realidad. Para que exista un verdadero movimiento social no bastan las banderas, hacen falta nuevas agendas colectivas, nuevas reglas, nuevos tomadores de decisiones. Lapregunta que queda rumbo al 2027 no es quién gana una elección, sino quién construye una nación.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.


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