Jalisco

Temen más daños ambientales al extender basurero en Zapopan, Jalisco

Vecinos del basurero de Picachos, que en breve recibirá los residuos también de Guadalajara, temen se dispare más el derrame de lixiviados con el que han batallado durante años

El ex alcalde de Zapopan, Pablo Lemus, reconoció que se ampliará Picachos, con una celda seis, para depositar la nueva basura que llegue de Guadalajara tras el cierre del basurero de Laureles.

El vertedero de Picachos, ubicado en el norte de Zapopan, será en breve el nuevo receptor de la basura del municipio de Guadalajara. Sin embargo, habitantes de las comunidades cercanas a Picachos ven con preocupación el tema, pues afirman se agravará el problema de los lixiviados que se derraman y terminan en cuerpos de agua de la zona.

Este problema con los llamados “jugos de la basura” lo enfrentan desde hace años. Históricamente, el norte de Zapopan ha sido el albergue de los basureros metropolitanos: ahí operó el basurero de El Taray y el de La Cardona en los años noventa. Ahora están en funcionamiento en la misma zona los basureros de Picachos, que recibe los desechos de Zapopan ,y el relleno sanitario de Hasars, donde arriba la basura de Tlaquepaque.

El ayuntamiento de Zapopan afirmó que durante los últimos seis años se invirtieron casi 200 millones de pesos para atender el tema de los lixiviados, sin embargo, activistas y ambientalistas señalan que no se resolvió de fondo el problema: los jugos de la basura permean en el subsuelo y acaban en los cuerpos de agua de la zona, particularmente en el arroyo de Milpillas que desemboca en el Río Santiago.

Faltan geomembranas para retener los jugos de la basura

Los expertos acusan que si bien por el cielo se aprecia que el basurero opera con normalidad, el problema son las filtraciones porque no se colocaron membranas para retener los jugos de la basura.

“Al subsuelo se siguen infiltrando los jugos tóxicos, porque hay basura tirada en el suelo, al ras. Entre la celda cuatro y la celda cinco hay espacio sin geomembrana. En lo que se conoce como el tajo poniente, es una zanja muy profunda que se hizo para desviar los arroyos de agua pluvial, ahí se nota lo cafesoso, cinco seis metros abajo, que salen líquidos oscuros desde las piedras. Se demuestra que no es cierto que están remediando de fondo”, señaló el activista José Casillas de San Francisco de Ixcatlán.

Expresaron que el daño no sólo es a las fuentes de agua de las comunidades de San Francisco de Ixcatlán, Huaxtla, San Lorenzo y Milpillas, sino efectos negativos a la flora y fauna endémica de la cuenca del Río Santiago.

Explican los vecinos que el olor es insoportable, porque se incumple con el sellado de los residuos que llegan.

Estudios realizados por los organismos ambientalistas señalan que incluso existen metales pesados en estos lixiviados, con efectos irreversibles a la población al mezclarse con la fuente de agua .

Zapopan genera más de mil 500 toneladas diarias de basura que se envían a Picachos, pero a eso se le debe sumar la basura que se saca del relleno de La Cardona, que se está urbanizando. Con lo que llegue de Guadalajara, cerca de mil 300 toneladas, hay una preocupación legítima que el tema de los contaminantes se agrave.

El vecino Hasars: otro basurero con problemas

Justo a lado de Picachos esta Hasars que recibe la basura de Tlaquepaque. A decir de los pobladores del norte de Zapopan, también presenta deficiencias en su operación, como falta de control de los lixiviados y que tardan días o semanas en sepultar los desechos.

“Y cuando no tienen tierra pues así está por días enteros o semanas la capa de basura descubierta y están rebombeando los lixiviados hacia las montañas de basura, o sea no están tratando sus lixiviados, los lixiviados nada más los rebombean”, agregó José Casillas.

Los afectados pidieron que se les deje de ver a sus comunidades como el basurero de la ciudad y por el contrario, se realicen actos de remediación ambiental a sus comunidades, pues ni siquiera se han saneado los terrenos donde se encontraban los viejos vertederos de El Taray y La Cardona.

Los colectivos acusan que los lixiviados terminan permeando el subsuelo, entran a la corriente del arroyo Milpillas y finalmente acaban en el Río Santiago.
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