De dónde viene la palabra "tocayo"

Por Revista Algarabía

En muy pocas lenguas del mundo existe una palabra que designa a una persona del mismo nombre con respecto a otra. Esta palabra la tenemos los mexicanos y es tan buena, simpática y útil que nos la han pedido prestada los argentinos, los chilenos, los colombianos y hasta los españoles, como dice Corominas en su Diccionario etimológico de la lengua castellana: «Actualmente tocayo/a son palabras bien conocidas por lo menos en España y en varios países americanos. Del castellano ha pasado al portugués con el mismo sentido».

En casi todos los países del habla hispana la utilizan para referirse a otra persona que tiene el mismo nombre o para apelar a ella: «Tu esposo es mi tocayo» o «¿Cómo estás, tocayo?», pero es en México, quizás, en donde tiene mayor uso, arraigo y más cantidad de acepciones.

Su origen etimológico está en el náhuatl. En Herencia cultural del mundo náhuatl, Brigitta Leander escribe, en el apartado correspondiente a tocayo, que viene de la palabra náhuatl tocaitl, «que significa nombre, honra o fama. Por su parte, la terminación –yo expresa idea abstracta». En el Diccionario de aztequismos de Luis Cabrera, la entrada correspondiente a tocayo versa así: «Se dice de una persona con respecto a otra que lleva el mismo nombre. La etimología es indiscutiblemente de origen azteca». En su diccionario, Molina dice que «la raíz cáitl, es la que corresponde a la acepción de nombre, pero la parte esencial es el pronombre to, nuestro; tocáitl, nuestro nombre, como Tonantzin es nuestra madrecita, la Virgen.

Resumiendo, toca es nombre en náhuatl y se ha trasladado al español, no con la misma acepción sino con otra más divertida: el mismo nombre. Los españoles —la Real Academia y sus secuaces— se han negado a aceptar este origen, quizá tienen envidia de una palabra tan original y le han querido dar una ascendencia latina como vocativo: «¡Tu Cayo!», que carece de todo fundamento etimológico, lingüístico, histórico y lógico.

El concepto de tocayo es muy usado en México, basta oír expresiones como «¿qué pasó, tocayito?» o «ese mi tocayazo», o atender a la costumbre de decirles tocayo no sólo a las personas sino a las cosas, como mi prima Victoria que le dice tocaya a la cerveza, o bien, a lo que respondía un primo mío cuando le preguntaban por qué le había puesto el mismo nombre a su hijo: «Mira, como un hombre nunca sabe si realmente es su hijo, y lo voy a querer y a mantener como si lo fuera, ya si no es mi hijo, de perdida que sea mi tocayo.»

(Algarabía 8, De dónde viene)

 

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