Efectos en la salud por el cambio de horario

Aquí te damos algunos consejos para mitigar los efectos a la salud del cambio de horario

Por Patricia Carranza Alva

La noche del sábado 27 al domingo 28 de octubre volveremos a retrasar el reloj y podremos dormir una hora más. Es decir, a las tres de la madrugada del domingo serán las dos.

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Sin embargo, la recuperación del horario de invierno podría no solo no implicar un mayor descanso, sino más bien todo lo contrario. ¿El motivo? Que según los último sondeo realizado por el comparador de seguros de salud Acierto.com, son muchos los usuarios que se sienten más cansados con el cambio.

Efectos en la salud

De acuerdo con cifras del comparador de seguros de salud, Acierto.com el cambio de horario aumenta las posibilidades de padecer diversas enfermedades.  Este verano el asunto se convirtió en motivo de polémica después de que la Comisión Europea propusiera eliminarlos.

En España el 93% de los ciudadanos está a favor de eliminar el cambio de horario. Y no es de extrañar si tenemos en cuenta los últimos hallazgos al respecto, sobre todo desde el punto de vista de la salud.

Y es que el cambio de hora no solo puede causar estrés, irritabilidad y problemas de sueño, sino que está relacionado con un aumento de los suicidios, los accidentes de tráfico y la delincuencia.

La luz es un regulador natural de nuestros procesos e incide directamente en la secreción de melatonina, la hormona encargada de regular el sueño (cuanta más luz, menos melatonina).

Lo habitual es que tardemos entre dos y tres días en reajustarnos. Sin embargo, entre tanto es posible que durmamos peor, experimentemos cambios en el estado de ánimo, y que nuestro rendimiento intelectual y físico disminuya, se estima que nuestra productividad se reduce en las dos semanas siguientes. 

Consejos para adaptarte al cambio

Existen una serie de consejos que puedes poner en marcha para mitigar los efectos del cambio horario o para adaptarte a él más rápidamente.

Esta semana, por ejemplo, intenta retrasar la hora a la que te vas a la cama quince minutos hasta el domingo. Trata de levantarte también un poco antes. Puedes hacer lo mismo con las comidas para despistar lo mínimo posible tus biorritmos. Y ojito con las cenas pesadas. 

Si te sientes cansado, no te eches la siesta, lo único que conseguirás, si no estás acostumbrado, es alterar todavía más tu reloj interno.

Tampoco resulta conveniente hacer ejercicio poco antes de acostarnos, ya que lo que le estaremos diciendo al cuerpo es que tiene que mantenerse activo. Pero no lo descartes, uno moderado te ayudará a aumentar los niveles de serotonina (que te permitirá conciliar el sueño). Encuentra también momentos de ocio para relajarte. 

La luz de los dispositivos electrónicos antes de dormir tampoco nos ayudará, pues se trata de falsos soles que generan la falsa sensación de que es de día y nos mantienen despiertos. Por el contrario, exponernos a la del sol durante el día -que suprime la secreción de melatonina- sí lo hará. Evita también la cafeína y el alcohol. 

En todo caso, es imprescindible comentar que no todos tenemos el mismo ritmo, y que la sincronización con el día y hábitos no son los únicos que lo marcan. Aquí estamos hablando del cronotipo, determinado, entre otros, por condicionantes genéticos. Y la edad cuenta: los jóvenes tienen un reloj mucho más fuerte y se recuperan antes. Dicho lo cual y a la espera de una decisión sobre este cambio, trataremos de adaptarnos lo mejor posible y de consultar al especialista en caso de necesitarlo.

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