Calzada de Tlalpan, la avenida del buffet sexual en la CDMX

Ya entrada la noche, el comercio sexual se hace presente desde metro Chabacano hasta General Anaya

Por Letra roja

Verónica recuerda haber sentido dolor pocas veces en su vida, como para que se soltara en llanto. Una de ellas fue a los 14 años: un compañero de secundaria le molió la cara a golpes y en el piso lo siguió pateando, luego de que lanzado por su embriaguez, intentara besarlo mientras orinaban hombro a hombro en el baño de un bar, “allá” por Atizapán.

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En otra ocasión, la última en realidad, el dolor físico se combinó con impotencia y por ello fue más estrujante que por momentos sentía el aliento de la muerte sobre su frente. Un cliente la noqueó al notar su sexo masculino. Desde que el tipo la abordó, ella siempre creyó que era consciente de a qué tipo de prostituta le pagaría 600 pesos por media hora en el motel “Nuevo Tijuana”, cerca de Nativitas.

Tendida boca abajo sobre la cama, el dolor fue lo que la despertó, pero no pudo hacer nada. Tras golpearla, el cliente la comenzó a violar una y otra vez. Inmóvil y con llanto silencioso, no entendía bien lo que pasaba. Sólo escuchaba como el tipo la llenaba de insultos que vociferaba con rabia.

Ahí la dejó, en un cuarto del segundo piso del que tuvo que salir con incomprensibles cortaditas en las piernas, tomar un taxi hasta su casa en Gustavo A. Madero, volver a llorar hasta quedarse dormida y retomar fuerzas para dos días después pararse nuevamente en la acera de Calzada de Tlalpan, con ese cliché característico de prostituta con tacones, falda corta y suéter, para ofrecer un “ratico de placer”, como dice con una pésima imitación del acento caribeño.

Avenida del buffet sexual

En la famosa avenida sureña que recorre gran parte de la ciudad, la prostitución no dejado de ser un tabú del todo a pesar que desde temprana hora es seguro encontrar a una persona que desempeña esta actividad, ante la mirada a veces morbosa, otras con pena ajena, de los transeúntes que a veces prefieren esquivarlas o irse por la banqueta, como si ofrecer sexo por dinero implicara una enfermedad contagiosa.

Ya entrada la noche, el comercio sexual se hace presente desde metro Chabacano hasta General Anaya, justo en esa dirección con decenas de grupos de sexoservidoras repartidas en cada cuadra, aunque algunos reportes indican que hay presencia de prostitutas incluso en la terminal del metro Taxqueña. De sur a centro, el corredor sexual no es tan extenso y va principalmente de Río Churubusco al metro Villa de Cortés.

Como sucede en otras zonas rojas de la capital, en Calzada de Tlalpan las chicas se agrupan. Aunque no hay un orden, a lo largo de esta vialidad es común ver grupos de veinteañeras, algunos con mujeres que rozan los cuarenta, chicas transgénero y travestis, quienes a pesar de los malos tratos que reciben, en ocasiones cobran hasta más de mil pesos, por tratarse de servicios privados que otras mujeres que no aceptan.

Salvador, quien ha vivido los últimos ocho años en distintos puntos de la delegación Tlalpan, pudo apreciar la dinámica de la prostitución en la zona y acepta que a pesar de que ahora hay más personas que ejercen la prostitución, ahora ya no se ven las escenas de antes, protagonizadas normalmente por “vestidas”.

Según recuerda, antes lucían atuendos más provocativos a plena luz de día y hasta practicaban sexo oral en plena calle a clientes sin auto. Recuerda que hace siete años, recién llegado a la zona, salió del metro Nativitas y caminó hasta Luis Spota. En medio de su camino, se sorprendió por ver a una chica transgénero con los pechos de fuera. Ya luego en una sobremesa con compañeros de trabajo, le dijeron que esa postal era común y que hasta le había “salido barata”.

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