Peritos argentinos respaldan nueva versión sobre muerte de Julio César Mondragón

Señalan que el alto número de lesiones, severidad y ubicación en el cuerpo escenifican una golpiza severa con múltiples impactos en zonas de vital importancia como tórax y cráneo

Por Alexandro Hernández

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) respaldó las conclusiones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CHDH) sobre la muerte del normalista Julio César Mondragón el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.

El estudiante de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos murió debido a múltiples traumatismos craneoencefálicos y por impactos de bala como se había informado antes.

El EAAF recordó que los restos del joven fueron inhumados por sus familiares en su panteón familiar en el Estado de México el 1 de octubre del 2014, poco tiempo después de la realización de su primera autopsia y solicitaron su intervención para nuevos exámenes.

Los familiares deseaban una opinión independiente sobre la identificación de los restos, la causa de muerte y la posibilidad de existencia de tortura.
 
Los restos fueron trasladados a Ciudad de México donde fueron examinados por peritos del EAAF y PGR, ante observadores de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) desde el 4 y 7 de noviembre del 2015.

Así, se pudo confirmar la identificación del cuerpo gracias a muestras para análisis genéticos el 6 febrero del 2016 obteniendo resultados en abril.

En cuanto a causa de muerte la conclusión es que la muerte se produjo como consecuencia de traumatismo craneoencefálico por instrumento contundente, sin embargo, se documentaron un número considerablemente mayor de traumatismos en tejido óseo y blando que las que halló el primer estudio de la Procuraduría General de Justicia de Guerrero.

Sobre la tortura, señaló que el alto número de lesiones, su severidad y su ubicación en el cuerpo  escenifican una golpiza severa con múltiples impactos en zonas de vital importancia como son el tórax y el cráneo.

Las fracturas en cráneo fueron severas y abarcaron especialmente el lateral derecho, base de cráneo, área posterior y fragmentación masiva en cara.  

En el tórax en particular se registró un número más alto de fracturas de costillas. En la autopsia inicial se señaló la presencia de dos costillas fracturadas mientras que en el segundo examen pudieron documentarse por lo menos 12 costillas fracturadas.

También se encontraron fracturas en dos vértebras dorsales y en una vértebra lumbar que no se habían reportado anteriormente.

La autopsia inicial reportaba lesiones en pulmones, cerebro y abdomen; en la segunda autopsia el EAAF documentó hemorragias en regiones similares (cerebro, pulmones, omentum -peritoneo adyacente a estómago- e intestino y posible daño en uno de los riñones), describiéndolas con mayor amplitud.

Todas estas lesiones ocurrieron en circunstancias alrededor de la muerte y son de origen contundente.

Concordó que la herida en el cuello presenta huellas de actividad de fauna como señaló la primera autopsia, pero  también presenta áreas con sospecha de intervención de instrumento cortante.

Pese a las pruebas, el EAAF indica que corresponde al ministerio público y a las autoridades judiciales la determinación de tortura.

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