¿Qué implica para México la firma de paz en Colombia?

Los desafíos de la paz van más allá de la firma

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Tras cuatro años de negociación, el 26 de septiembre de 2016 se recordará como un día histórico para Colombia y la región. La mayor y más antigua guerrilla del continente se dispuso a abandonar las armas y reintegrarse en la sociedad civil por la vía del consenso. 

La paz colombiana representa el fin de una vieja tradición que justificó la lucha armada como objetivo político y que en América Latina representó el eco de guerra de generaciones enteras nacidas entre los años 1960 y 1970.

¿Debe seguir México el ejemplo de Colombia?

El asunto no es ni mínimamente nítido, no obstante, a México se le ha comprado tanto en su estructura política como en sus deficiencias institucionales con Colombia pero, aclaremos, con la Colombia de los años 80, sí, con la de Pablo Escobar, que hoy se alza vigente en las series de narcotraficantes que tanto éxito tienen en los hogares del país.

El asunto es que las guerrillas fueron el enemigo del estado hace al menos 5 décadas, hoy el desafío está presente en el crimen organizado. Que a diferencia de un grupo delimitado a un territorio y una identidad ideología, este se asocia más con prácticas bélicas asimétricas, esto es, extorsión, delincuencia común, tráficos de órganos, personas, drogas, armas, entre otros. 

Y es esta la realidad que hoy comparten tanto México como Colombia. 

Que se firme la paz, quizá de luces sobre el tratamiento de la criminalidad pero no necesariamente es la cura de este nuevo mal. 

En otros términos, el acuerdo le da una lección a México -y a otros países-, en: 1. Es posible negociar con la disidencia. 2. El problema no es la guerra contra el narco u otros blancos sino un asunto endémico, 3. Con el fin de la guerra no se acaba la política como escena de reproches y menos la criminalidad, signo expreso de la ambición y naturaleza conflictiva del hombre y 4. Se necesita más que un acuerdo para que un país vuelva a creer en sí mismo. 

Lo que viene para Colombia 

Nadie dice que sea fácil, tristemente al presidente Santos le ha costado más, negociar con sus detractores que con los mismos guerrilleros. Hay quienes del lado del expresidente, Álvaro Úribe Vélez, ven en el proceso de paz un retroceso democrático. Para los uribistas, Santos está entregando al país a la impunidad.

Lo cierto es que han pasado más de 50 años y es la primera vez que se llega a buen término en una negociación y eso es, sin duda un triunfo histórico. De hecho, esa división entre los que apoyan el proceso, los que se alegran por él y los que no, es más nociva que la guerra misma. 

La paz puede ser endémica esto es, la formación familiar, educativa, cívica, proyectarán un país en paz para las futuras generaciones, pero si se siembran odios y rencores, difícilmente se asocie la paz con armonía y estabilidad. 

Por supuesto que nadie deja de lado el sufrimiento de las víctimas, por ello el mayor reto de la paz apenas empieza, la firma es el punto de partida, la justicia transicional esperemos sea el tránsito hacia una Colombia que brille con luz propia y sea ejemplo de cultura política para otras naciones que están padeciendo en pleno los horrores de la guerra.

¡Enhorabuena Colombia! 

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