La columna de Vicente Amador: Formación docente

"¿Cómo podemos enseñar bien los profesores si hemos dejado de aprender?": Olga Casanova en @educacionfutura

La calidad de los profesores es central en la educación. Especialmente en los primeros años de escolaridad, la imagen y labor de los maestros en el aula es determinante. Basta revisar la experiencia individual para advertir la importancia de docentes con vocación, conocimientos y desempeño responsable. Seguramente recordaremos la influencia que la pasión y claridad expositiva de algún maestro ejerció sobre nosotros para que nos gustara cierta materia. Incluso, a partir del aprecio por esa asignatura, muchos elegimos un camino profesional.  

Al considerar lo mencionado, la Estrategia de Formación Profesional Docente (EFPD) —anunciada ayer por el secretario de Educación, Aurelio Nuño— resulta un paso de gran valor en el desarrollo del sistema educativo nacional. Ojalá no hubiéramos tardado tanto en detonar lo que el sentido común, la evidente necesidad y el éxito de otros países tantas veces nos han reclamado.

Una vez comprendidas las áreas de oportunidad que deben subsanarse a través de la capacitación magisterial, hay que invertir. En el caso de la EFPD, el presupuesto para la formación continua pasó de 203 millones de pesos en 2015 a 1,809 para este año. El incremento es notable. Al respecto, una eficaz labor ciudadana será cuidar que estos recursos se destinen y ejerzan adecuadamente. Al mismo tiempo, revisar si este aumento presupuestal, aunque significativo, es el conveniente.

Otro acierto de la EFPD es que pretende capacitar tanto el dominio de conocimientos disciplinares como el fortalecimiento de competencias pedagógicas: lo que el maestro sabe y cómo lo expone. Tan importante el primer aspecto como el segundo, particularmente en un mundo de cambios vertiginosos donde, además, la mayoría de los profesores se formaron en técnicas pedagógicas que, con frecuencia, no consideran las formas y categorías de pensamiento de las nuevas generaciones. 

En una entrevista que Andrés Oppenheimer le hizo años atrás a Bill Gates, el magnate concluía que la diferencia entre los países que avanzan y reducen la pobreza y los que no es la humildad de los primeros para reconocer lo que está mal y debe mejorarse. Al respecto, sorprende saber que, según el Banco Interamericano de Desarrollo, más de 70% de los latinoamericanos están satisfechos con su instrucción pública. La situación es chocante, pues usualmente nos encontramos en los últimos sitios de los comparativos educativos internacionales.

Sería bueno que los mismos profesores tengan en cuenta la conclusión de Bill Gates sobre la humildad, pues la historia también muestra que los cursos de capacitación encuentran resistencias en el cuerpo docente, sobre todo en aquellos acostumbrados a un sistema estático, anacrónico y corrupto. Conseguir que los profesores se desarrollen, o se vayan, es otro reto estratégico para impulsar como ciudadanos.
 

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