El futuro profesional

Todo apunta a que el aumento en la esperanza de vida de la mayoría de los países, incluido México, propiciará que la educación siga expandiéndose

En la columna anterior hablamos del papel de la tecnología en la educación. Ahora continuemos el tema tecnológico, pero proyectado sobre futuros escenarios profesionales. Para ello, más que jugar al adivinador, será útil comprender algunas tendencias que probablemente viviremos en los ambientes laborales.

Todo apunta a que el aumento en la esperanza de vida de la mayoría de los países, incluido México, propiciará que la educación siga expandiéndose, tanto en el número de años de capacitación, como en la cantidad de personas que la obtienen. También incrementará la competencia profesional, principalmente en el sector privado. Por ello se requerirán, tanto en las escuelas como en los centros de trabajo, colaboradores con un mayor grado de profesionalización.
 
En un intento por ser más eficaces, las organizaciones tienden a ser menos jerárquicas, más horizontales; donde cada quien es el encargado de su proceso. Al respecto, Google es modélico.

Las tareas relacionadas con la informática, la electrónica, las comunicaciones, la robótica, la biotecnología y la energía se desarrollarán y especializarán cada vez más. Aumentará el trabajo a distancia, es decir, el efectuado desde la casa sin ir a la empresa, por medio de ordenadores y equipos electrónicos interconectados. Asimismo, aparecen nuevas enfermedades sociales derivadas del progreso técnico. La falta de convivencia a través de los teléfonos inteligentes ya duele.

Frente a este escenario, tres son los factores centrales que en mi opinión configuran el ambiente laboral actual y el de los próximos años: tecnología, especialización y rápido aprendizaje. Al respecto —ésta es una de las ideas que subrayo— los análisis más concienzudos del progreso tecnológico y de sus implicaciones académicas y laborales reconocen que el acelerado avance ha de acompañarse de un profundo sentido crítico y de responsabilidad social. De otra manera, como en muchas ocasiones ha sucedido desde la Revolución Industrial, las decisiones se desvinculan de categorías éticas y se fundamentan únicamente en “lo que es posible hacer” por encima de “lo que debería ser”.
 
Idealmente, la progresiva especialización debe ir de la mano con la innovación y el diálogo con otras disciplinas que nos permitan ampliar el campo de visión y prevenir la común ceguera derivada del enfoque en puntos muy específicos, propios de la especialización.
Finalmente, los especialistas en prospectiva laboral señalan que tendrán más posibilidades de trabajar aquellos individuos que se adapten a los cambios con mayor rapidez y flexibilidad. Por ello, serán primordiales las aptitudes dialógicas: el fomento, en lo individual y en lo colectivo, de la capacidad de empatía y de habilidades discursivas que posibiliten acuerdos y armonía en la diversidad.

Es imperativo reconocer que la información, por sí misma, no supone conocimiento, el cual requiere para su adquisición y operación, destrezas comunicativas, mayor creatividad, disposición para la reflexión independiente y flexibilidad para el trabajo en contextos multiculturales. Todas, tareas que requieren una prudencia que no corresponde a las máquinas, sólo a los seres humanos.

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