Guerras por la basura

Miles de toneladas de basura que generamos los capitalinos son “exportadas” al estado de México y Morelos cotidianamente

Uno de los muchos efectos de la reciente contingencia ambiental de la Ciudad de México es el habernos recordado que miles de toneladas de basura que generamos los capitalinos son “exportadas” al estado de México y Morelos cotidianamente. Los habitantes de la ciudad transferimos nuestros desechos a otras zonas del país pues ya nos hemos quedado sin espacio para depositarlas dentro de la ciudad.

A mediados del año pasado en este espacio comentamos que las 13 mil toneladas diarias de residuos que tiramos los capitalinos son suficientes para llenar el Estadio Azteca en tan sólo tres días. Imagine usted el gigantesco espacio que necesita la megalópolis para poder disponer de esa enorme cantidad de basura que se acumula, sin pausa, todos los días, año tras año.

El gobierno de Miguel Ángel Mancera se ha fijado como objetivo que en 2018, cuando termine su administración, toda la basura que se genere sea transformada (a través de diferentes tecnologías ya existentes) de modo que ya no tenga que exportarse un solo kilo de basura a los estados vecinos. Se trata de una meta muy ambiciosa para evitar que los residuos de la Ciudad de México se sigan utilizando como moneda de cambio en la asignación de los fondos metropolitanos pero sobre todo porque generen pasivos ambientales, como los costos de saneamiento, a largo plazo en los estados vecinos. Dichos pasivos ambientales implican la necesidad de invertir en el futuro recursos públicos y privados en tareas de remediación y mitigación.

El programa “Basura Cero” que anunció Mancera en 2013 contempla que las 7 mil 500 toneladas de basura que diariamente son enviadas a los estados de México y Morelos sean aprovechadas, lo que representaría un ahorro de 280 pesos por acarreo y depósito por tonelada. Alcanzar las metas fijadas para la Ciudad de México significaría que los enfrentamientos con el estado de México, como el que protagonizaron Mancera y Eruviel Ávila durante la contingencia dejarían de presentarse. De igual forma los conflictos sociales que ha desatado en Cuautla, Morelos la llegada cotidiana de miles de toneladas de basura al relleno sanitario denominado “La Perseverancia” también quedarían resueltos. En días recientes pobladores de las zonas aledañas a dicho tiradero “tomaron” las oficinas del alcalde cuautlense por varias horas para exigir se detenga la llegada de lo que ellos consideran una amenaza para su salud y la de sus familias.

Otros proyectos para el manejo de la basura, como el que se acaba de aprobar en la ciudad de Querétaro donde se privatizó el servicio de recolección, generan otro tipo de presiones sociales pues desplazan a cientos de personas de sus empleos y les hacen ver mermadas sus fuentes de ingreso. Hace unos días los trabajadores de limpia del municipio queretano se manifestaron para protestar por la decisión tomada por el alcalde.

En cada paso del proceso de recolección, desde que el camión pasa por su casa hasta que se depositan en su destino final, cientos o miles de personas participan y obtienen ingresos de lo que es ya toda una industria, la Industria de los desechos urbanos. Miles de familias dependen de esos ingresos para su subsistencia. El cartón que se obtiene de la pepena de la basura puede venderse en valores cercanos a un peso por kilo. El kilo de PET llega a los 3 pesos y el de aluminio puede alcanzar hasta los 12 pesos.

Cada vez que usted tira sus bolsas de basura está literalmente tirando dinero al bote.

El proyecto de la Ciudad de México está inspirado en el éxito de otras ciudades como Portland y Seattle en Estados Unidos, Milán en Italia o el País Vasco en España. Pero quizás el modelo de referencia más importante que debe estudiarse y seguirse es el de la ciudad de San Francisco en California. El llamado “silicon valley de la basura” es visitado por gobernantes de todo el mundo para conocer cómo se valorizan, reciclan y disponen miles de toneladas todos los días.

Este modelo ha logrado reducir en 80% los desperdicios que se envían a los tiraderos, convirtiendo todos esos desechos en distintos productos aprovechables, incluida energía limpia. Pero lo más interesante del modelo de San Francisco es que desde sus orígenes se concibió como un proyecto de emprendimiento social, donde el objetivo principal era el reducir los desechos que se enviaban a los tiraderos. Alrededor de ese objetivo trabajaron conjuntamente autoridades, empresas concesionarias del servicio de recolección, trabajadores de limpia de la ciudad y ciudadanos. Todos los actores relevantes del proceso fueron integrados a la solución sin perder de vista que cada uno tenía objetivos individuales.

Los trabajadores de limpia pudieron mejorar sus condiciones de trabajo y se sumaron rápidamente al proyecto que requería de algunas modificaciones en la forma en que se recolectan y depositan los residuos en la vía pública. Los ciudadanos también tuvieron que modificar la forma en que separaban y depositaban su basura para usar un nuevo sistema de tres contenedores, en lugar del anterior sistema de orgánicos / inorgánicos.

La multimillonaria inversión realizada entre gobierno y empresas tuvo como característica principal que se compartía el riesgo entre ambos pues se estaban poniendo en marcha nuevas tecnologías y había un grado normal de incertidumbre sobre los resultados que arrojaría.

Sólo con esa visión un programa como el de la Ciudad de México podrá arrojar dividendos positivos para ciudadanos, medio ambiente y autoridades. De lo contrario nos iremos acostumbrando cada vez más a presenciar enfrentamientos de distintos niveles e intensidades por la basura. Hace algunas semanas puso frente a frente a dos gobernadores de los estados más poblados del país. No es poca cosa.

 

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