El día que pagué una comisión de SEIS MIL pesos por ignorar las letras chiquitas

México sigue siendo un país donde el ahorro es principalmente informal y dejamos de lado la inversión

El día que pagué una comisión de SEIS  MIL pesos por ignorar  las letras chiquitas

¿Cuántas cosas puedes hacer con seis mil pesos? Comprarte un smartphone, una laptop, una bicicleta nueva, enchular tu bicicleta vieja, comprar 15 bolsas de alimento para tu perro, irte a Oaxaca, pagar uno o varios meses de renta, en fin. Se me ocurren mil formas mejores de gastar seis mil pesos que en pagar una comisión a una institución financiera. Pero la vida es dura.

Y es que a los 23 años, qué sabe uno de la vida. A esa edad estás superando a tu novio de la universidad y te la pasas lloriqueando en los pasillos del Metro de regreso a casa (me han contado). Pero un día cualquiera, entre la estación Chilpancingo y Centro Médico, se te prende el foco y decides hacer algo para ti, algo cool, algo que te haga ilusión como invertir tu dinero para poder viajar por el mundo o pagarte la maestría.

México sigue siendo un país donde el ahorro es principalmente informal y nos hacemos del rogar para invertir. Muchos jamás lo hacen. Un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad publicado en 2015 dice que 93.6% de los mexicanos seguimos ahorrando con amigos (tandas), 35% en cuentas de banco y sólo 3% destina parte de sus ingresos a fondos de inversión.

Aunque la penetración de este tipo de inversiones todavía es baja, cada vez hay más interesados y los productos son cada vez más accesibles.

Los fondos de inversión son una canasta en la que muchas personas depositan su dinero para comprar instrumentos bursátiles que sería muy difícil comprar de manera individual. Es como ‘hacer una vaquita’.
Pero cuando yo firmé mi contrato —hace cinco años— los productos de inversión todavía no estaban hechos para millennials. Las instituciones te pedían entre 50 mil y 100 mil pesos para abrir cuenta y si no los tenías, debías comprometerte a hacer aportaciones periódicas por años. Yo contraté un plan no a dos, ni a cuatro sino a ocho años y tenía que pagar una comisión de seis mil pesos si decidía salirme antes.

Yo tenía planes de mantener ahí mi dinero hasta cumplir el plazo, así que esa cláusula no me pareció tan importante. Sin embargo, con el tiempo, la atención al cliente decayó y dejé de sentirme cómoda con el producto.

En esos años salieron nuevas opciones de inversión que ya no cobran comisiones, sin plazos ni montos forzosos y que además te permiten manejar tu inversión por Internet. Al final decidí cancelar el contrato y asumir el costo.

¿Cuántas cosas puedes hacer con seis mil pesos? Ya no sé, pero de las malas experiencias siempre se aprende algo.

Moraleja número uno: deja de llorar en lugares públicos y mejor invierte para irte de viaje.

Moraleja dos: procura respetar tus plazos de inversión. Yo pagué una comisión alta porque no respeté mi compromiso original y, en inversiones, respetar tu estrategia es clave para alcanzar tus objetivos.

Moraleja tres: dicho aprendizaje no sería nada sin esta moraleja, si contratas un producto financiero, lo ideal es que permanezcas porque te gusta y no por obligación. Antes de firmar, compara y elige un producto que no tenga plazos forzosos.

¿Quieres saber más sobre ahorro o inversión? Visita el blog de piggo.mx, una plataforma de inversión de Grupo Bursátil Mexicano, y envía tus preguntas a ilse@piggo.mx.