¿Cómo aprovechar la unidad mexicana que ha provocado Trump?

Tras la firma de la orden ejecutiva que firmó en materia de migración, personalidades de la política, artistas y activistas cerraron filas contra Trump

¿Cómo aprovechar la unidad mexicana que ha provocado Trump?

Mariana Gómez del Campo

 

Ya pasaron diez días de la investidura de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos y sus decisiones se han basado en una serie de acciones ejecutivas por las que pretende cumplir sus 28 tareas prioritarias para sus primeros 100 días de gobierno; estos instrumentos son decretos que evitan que sus consideraciones sean sometidas ante el Congreso, por lo que para muchos resultan un abuso de poder y una forma de “brincarse” al Poder Legislativo, lo que las convierte en polémicas y autoritarias.

Pero las órdenes ejecutivas no son absolutas porque no tienen la posibilidad de revertir leyes aprobadas por el Congreso; además, optar por firmar indiscriminadamente estos documentos construye un entramado de decretos que fácilmente pueden ser revocados por el siguiente Presidente. Queda demostrado que son utilizadas cuando las iniciativas presidenciales son intransitables en las cámaras legislativas.

Mediante estos “decretazos”, Trump ha impulsado 10 de sus 28 compromisos prioritarios, entre los que destacan: el anuncio de renegociar o denunciar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte; retirarse del Tratado de Asociación Transpacífico; cancelar el financiamiento de ciudades santuario (como Chicago, Los Ángeles, Nueva York, San Diego y San Francisco) que defienden migrantes; construir un muro en la frontera con México; entre otros.

Ante este adverso panorama que enturbia la relación diplomática de México con su principal socio comercial a nivel internacional, la respuesta del Gobierno mexicano ha sido muy limitada, carente de contundencia y tardía. Observamos un Presidente titubeante que tuvo que cancelar una reunión con Trump una vez que este lo hizo público en Twitter. No buscamos que haya una confrontación con un gobierno extranjero, pero al igual que el pueblo mexicano exigimos firmeza y dignidad frente a un personaje con un discurso hostil e irrespetuoso.

Ha sido muy positivo que los mexicanos hayamos reaccionado con diversos llamados a la unidad nacional, con el fin de fortalecernos y enfrentar las adversidades juntos; sin embargo, es necesario puntualizar dos cosas: esta unidad de los mexicanos no debe interpretarse como un cheque en blanco para el Presidente y su partido, a los ciudadanos no se nos olvida la irresponsabilidad con la que han manejado tanto las finanzas públicas como la política exterior, el bochornoso episodio de la visita de Trump a Los Pinos no será fácil de borrar del colectivo nacional. Por otro lado, no es aceptable que ninguna de las fuerzas políticas quiera sacar partido de la actual situación.

Hoy, los legisladores cerramos filas en torno al Jefe del Estado mexicano porque es sano fortalecer a nuestras instituciones frente a amenazas del exterior, ofrecemos nuestra total colaboración para emprender acciones que le demuestren al nuevo gobierno de EUA que a México se le debe respetar y dar el lugar que merece como vecino, socio y país con quien se debe cooperar. Basta hacerle notar a nuestros vecinos que nosotros somos el principal proveedor de los alimentos que consumen, el comercio bilateral les genera 15 millones de empleos y es el soporte de la economía de estados como California, Texas, Michigan, Illinois y Arizona. Ni qué decir de la importancia de la cooperación en materia de seguridad.

Como mexicanos debemos defender a nuestra patria desde cada trinchera sin caer en las provocaciones falaces de las redes sociales que piden boicotear cadenas o comercios, antes bien, debemos actuar como verdaderos patriotas en pro de nuestro México. Es momento de sumar.

Marcela Guerra

La mejor manera de aprovechar el momento de unidad nacional que experimentamos es traducirla en energía y creatividad; identificando prioridades y robusteciendo nuestras fortalezas.

Sabemos que el libre comercio ha traído beneficios a nuestro país, pero ahora tenemos la oportunidad de replantear nuestro modelo económico para que éste además de presentar a México como país abierto al mundo, logre que la riqueza producida sea distribuida de forma más equitativa.

Nuestro país tiene mucho por hacer para privilegiar la integración de eslabones productivos de la planta nacional, de manera que las pequeñas y medianas empresas puedan aprovechar el potencial del mercado mexicano.

La competitividad de México no debe ser identificada exclusivamente por los bajos salarios. El reto es que nuestra calidad empresarial esté asociada a una vocación industrial en la que la innovación, la tecnología, la infraestructura y la eficiencia gubernamental coincidan y estén sincronizadas.

México posee gran diversidad de ecosistemas y es uno de los países más megadiversos del mundo. Por muchos años hemos desaprovechado ventajas únicas que nos aporta la naturaleza como la generación de energías limpias y nuestra posición geográfica estratégica.

Así mismo, contamos con un bono demográfico y talentosos mexicanos que han decidido migrar por falta de oportunidades.

La unidad en torno a estas coincidencias se deberá traducir a la brevedad en compromisos para realizar acciones concretas como la de concursar por licitaciones con transparencia; rescatar la cultura del mérito; atribución de funciones públicas por competencias; sancionar el nepotismo; terminar con los conflictos de intereses, combate frontal a la impunidad y a la pobreza.

La trascendencia del momento que vivimos reside en que esta oportunidad no la podemos desaprovechar.

Unidad y fuerza siempre van de la mano. Gobierno, sociedad civil, empresarios, clase política, trabajadores, académicos y estudiantes estamos llamados a participar activamente con propuestas que se traduzcan en acciones a favor de México. Hay un espacio para todos en esta circunstancia.

Una nación unida se adaptará más rápido a los cambios del entorno y eso es lo que necesitamos ahora mismo: mostrar capacidad y agilidad para reorientar nuestra visión, primero identificando los intereses de México, sin olvidar al mismo tiempo que Estados Unidos será siempre nuestro vecino.