Reconciliación nacional

Aunque siempre, o casi, México ha sido un país dividido, en la actualidad la disparidad económica y social ha acentuado hasta extremos muy riesgosos esta tendencia

Por César Cravioto

La reconciliación nacional es la clave del programa de Andrés Manuel López Obrador para edificar el renacimiento de la República.
Aunque siempre, o casi, México ha sido un país dividido, en la actualidad la disparidad económica y social ha acentuado hasta extremos muy riesgosos esta tendencia, la cual ha sido reforzada por la pérdida de principios éticos y morales derivada de una ideología egoísta, basada en la ambición y la acumulación irracional de la riqueza.

En consecuencia, si no se consigue instaurar la reconciliación entre los factores de la producción, entre las clases, entre los partidos, México pudiera deslizarse, con resultados catastróficos, por el tobogán de la ingobernabilidad.

Mientras con extrema irresponsabilidad los candidatos a la Presidencia del PRI y de Acción Nacional se empeñan en agitar las ya de por sí turbulentas aguas de la discordia, López Obrador se compromete a no convertir a la revancha en eje de su gobierno.

Cuanto más busca él la reconciliación nacional, quienes se empeñan en que este país no cambie, en que subsistan la depredación y la desigualdad, critican, de manera acerba, a través de calumnias y mentiras, el planteamiento conciliador de López Obrador. Pretenden perseverar en su estrategia de instigar el odio para minar la solidaridad entre los mexicanos.

Con tal de no perder sus inmorales privilegios, en vez de sumarse a la reconciliación quieren dinamitar la posibilidad de que la ciudadanía se reencuentre en el propósito común de rescatar la armonía.

En contraste, para darle un vuelco humanista a la devastadora estrategia que nos ha puesto al borde del precipicio, López Obrador ha abierto las puertas de Morena y de la coalición Juntos haremos historia a todas las corrientes de pensamiento. A empresarios, a exmilitantes de Acción Nacional y del PRD, a expriistas, a sindicalistas, a luchadores sociales, a quienes profesan cualquier doctrina o fe religiosa.

Porque busca restablecer los lazos comunicantes entre los mexicanos, su candidatura es incluyente. Porque pretende recomponer los vínculos de solidaridad entre los ciudadanos, acoge tanto a católicos como cristianos, a librepensadores y agnósticos. A los ateos. Y por supuesto, a los laicos.

Para López Obrador, la premisa de una paz verdadera debe descansar en la revolución de las conciencias basada en la transformación ética y moral.

Por tales razones, cabe recordar, para superar nuestros añejos rencores históricos, desde el 6 de enero de 2017 puso a consideración de la ciudadanía el Acuerdo político por la prosperidad y el renacimiento de México, en el cual advertía:

“Llamamos a todos los mexicanos a incorporarse a la gran tarea de la transformación nacional, no sólo a simpatizantes y a ciudadanos independientes, sino también a los militantes de otros partidos”.

López Obrador exhortaba, de tal manera, a luchar unidos para lograr, por la vía pacífica y legal, un cambio de régimen para hacer de la honestidad una forma de vida y de gobierno.

En el mismo sentido, al rendir protesta como candidato de Morena a la primera magistratura, puso énfasis en la necesidad de crear una Guardia Nacional y encabezar él mismo el gabinete de seguridad. Pero sobre todo, en poner su total empeño en la pacificación del país.
Al respecto subrayó:

“Vamos a hacer todo lo que sea necesario para construir la paz y garantizar la tranquilidad en nuestro país. Todo es todo”.
“El único propósito es la paz”, remató.

Convicción pacifista que reiteró al ser postulado como candidato a la Presidencia por el Partido Encuentro Social.

En tal ocasión subrayó que su ideario de gobierno en modo alguno se contrapone con el principio inamovible de laicidad que debe regir a la República, al tiempo que se pronunció por las libertades, la tolerancia y el respeto a la diversidad.

“Es indispensable” –subrayó– “auspiciar una nueva corriente de pensamiento para promover un paradigma moral de amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y la patria”.

Por tales razones llamó a echar mano de “la gran reserva moral del México profundo”, a promover valores individuales y colectivos en la gran tarea de emprender la reconciliación nacional.

La regeneración moral, insistió, debe ponerse en el centro del debate.

Con base en la idea de justicia y en la preferencia por los pobres postulados en la Biblia, añadió: “Para muchos Cristo es amor”.
Y advirtió que Jesús fue el primero en expresar: “A Dios lo que es de Dios. Y al César lo que es del César’”.

Asimismo, en referencia a Aristóteles y a Eduardo Galeano, explicó que el amor y la bondad no son valores únicamente vinculados con la inspiración bíblica.

En este contexto ha de comprenderse el apoyo de personajes de distintas tendencias partidarias: de Acción Nacional, del PRI, del PRD… a su precandidatura a la Presidencia de la República. Y de millones de militantes de base de organizaciones ciudadanas, de movimientos sociales, de ciudadanos independientes…

De tal modo, López Obrador es el único dirigente político capaz de encabezar la reconciliación nacional como premisa imprescindible para impulsar una sociedad democrática e igualitaria.

Cabe entonces preguntarse:

¿Por qué opción se inclinan los mexicanos? ¿Por reeditar el estribillo del “peligro para México”, o cualquier otra difamación por el estilo, falacias que si bien la mayoría ya no se las traga, los emisarios del conservadurismo están dispuestos a reiterarlas?

¿O por reconciliar a los ciudadanos a través de un proyecto de gobierno que dé cabida a todas las corrientes de pensamiento con la finalidad de reconstruir a la nación y dejar atrás la mezquindad, los enfrentamientos y la injusticia?

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