¿Recuerdas la cerveza Duff que registró un mexicano?

Rodrigo Contreras había hecho realidad lo que miles de emprendedores soñaban: comercializar con la cerveza más famosa del planeta pero, ¿qué sucedió?

¿Recuerdas la cerveza Duff que registró un mexicano?

La historia del empresario Rodrigo Contreras puede parecer como cualquier otra de un emprendedor que sueña con cristalizar sus revolucionarias ideas, sólo que él sí la cumplió. Siendo aún estudiante, se le ocurrió plasmar en tortillas las promesas de campaña de un candidato.

Su idea no era tan descabellada, pues consistía en que las grandes campañas o empresas, en vez de imprimir en papel, lo hicieran con tinta vegetal en tortillas, así no se malgastarían papel y, además, esa publicidad serviría para alimentar a las familias de México.

También incursionó en el negocio editorial sin mucho éxito. El título del libro, que por cierto lanzó durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), fue Memorias del Presidente Vicente Fox Quesada, y aunque en la portada lucía al entonces presidente, extendiendo los brazos y ataviado con la banda presidencial, al hojear el libro las páginas estaban completamente en blanco.

Este regiomontano, arraigado en Guadalajara, no cesó en su afán de revolucionar y cristalizar sus ideas de negocio y pronto incursionó en la adquisición de licencias para explotar marcas de dibujos animados propiedad de Disney o Warner Brothers y plasmar sus imágenes en artículos escolares, principalmente.

Fue entonces que le asaltó la más ambiciosa de sus ideas: registrar la marca de la cerveza Duff. Así que se fue a Estados Unidos, a los estudios del mismísimo Matt Groening, en Los Ángeles, en las instalaciones de FOX Broadcasting Company. Ahí el mismo Matt lo recibió y escuchó su locura de lucrar con su marca y no le dijo que no, pero tampoco que sí, sólo le advirtió no llevar su cerveza a Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón.

Raudo y veloz, vino a México con el “supuesto aval” del creador de la cerveza Duff y registró la marca en nuestro país. Hay que aclarar que registró la marca, mas no la patentó. Así, con el apoyo de su familia tequilera, Contreras comenzó a maquilar la cerveza Duff en una planta de Mexicali, a un ritmo de dos contenedores por mes.

Cuando en el año 2007 hizo el anuncio de que le pertenecían los derechos para explotar la marca, le llovieron ofertas por comercializar su producto en el país. Contreras dividió el mercado en tres zonas: norte, centro y sur, y así fue como empezó a comercializar la cerveza entre pequeños locales o expendios de cerveza artesanal y pronto la oferta fue rebasada por la demanda.

Los consumidores atesoraban cada detalle, desde la caja de las 24 cervezas, el empaque de seis botellas, la corcholata y hasta la etiqueta de la cerveza, nada se desperdiciaba, todo era coleccionable y su producto se vendía como “pan caliente”. Con este lanzamiento Rodrigo había dado el campanazo.

La fabrica de Mexicali se quedó corta para el tamaño de los planes de expansión de Contreras y ni Grupo Modelo ni Cuauhtémoc Moctezuma iban a darle cabida en sus líneas de producción, así que fue a negociar una mayor maquila con la multinacional cerveza El Gallito, en Guatemala. Al salir de esa maquiladora lo abordaron empresarios europeos que le ofrecieron llevar su producción y comercializar su producto en el viejo continente.

Rodrigo no lo pensó y firmó contrato con empresarios españoles que le mejoraron incluso su fórmula. La cerveza ya se elaboraba en una planta asentada en Bruselas y se comercializó en países como España, Irlanda, Francia, Portugal e Italia. Además, los tres comercializadores de la cerveza Duff en México se arrebataban el producto y no se daban abasto ante la demanda.

Justo cuando Rodrigo estaba por firmar el más jugoso de los contratos para estampar la marca de cerveza Duff en el brazo de un piloto italiano del MotoGP, el mayor escaparate de motociclismo del mundo, le llegaron sendas órdenes de aprehensión por parte de la 20th Century FOX Europa, quien lo demandó y persiguió por usurpar y comercializar con los derechos de su marca.

No supe cuándo ni cómo “la libró”, pero en su momento ya había todo un operativo mundial por parte de la Interpol para dar con el paradero de este revolucionario emprendedor. Por supuesto que en México y los países donde ya se consumía se dejó de producir, comercializar y se borró del mercado por completo. Todo ocurrió en menos de tres años.

No están para saberlo pero, antes de ser requerido por las autoridades, Rodrigo ya preparaba su siguiente hit: clonar y comercializar con unicornios, en alianza con el mismo laboratorio suizo que clonó a la oveja Dolly. ¿Lo logrará? Es una historia de la que estaremos al pendiente.