El libro

En realidad no es posible marcar una separación tajante entre unos y otros, y por lo tanto somos como una letra dentro del alfabeto con el que se construyen palabras para escribir un enorme texto

Por Toño Esquinca

Somos lo que hemos pensado, sentido y actuado. Nada es gratis ni a causa de un castigador allá arriba sentado. Aquello que elegimos y el producto de esa práctica se queda grabado en el código del ADN para entonces marcar el mapa de nuestra siguiente experiencia. Por eso es muy importante para poder salir de movimientos en círculos alrededor de historias repetidas y lecciones reprobadas, o lo que es igual a estarnos preguntando constantemente ¿por qué me pasa esto a mí y por qué siempre me ocurre lo mismo?, que de manera individual y colectiva re-imprimamos nuevos códigos en la programación de nuestras experiencias, ¿cómo? Comprendiendo que tenemos un ADN personal pero que juntos formamos un ADN de familia, y del grupo de familias con el que tenemos pertenencia, muy parecido a las series de muñecas rusas que se inscriben una dentro de la otra desde la más pequeña hasta la más grande y de regreso.

En realidad no es posible marcar una separación tajante entre unos y otros, y por lo tanto somos como una letra dentro del alfabeto con el que se construyen palabras para escribir un enorme texto: nuestro gran libro conjunto. Ese libro es en el que se escribe y describe nuestra historia personal y colectiva, en el que se escribe el presente y el que marcará la tendencia hacia el futuro. Como en cualquier buen libro, debe existir cadencia y consistencia entre la introducción, el desarrollo, el argumento, la tesis y el desenlace. Después, es importantísimo que seamos buenos lectores de nuestro propio libro de vida y de la vida conjunta que escribimos con los demás; sobre todo de los textos que han escrito nuestros antepasados y de la historia que con su trabajo, esfuerzo, y pensamientos convertidos en acción dejaron escrita para las generaciones siguientes. No hay hechos aislados ni versiones desunidas, es la pieza editorial hecha por miles, millones de escritores.

Y finalmente es muy importante saber que en la medida en que cobremos conciencia de que tenemos esta pluma en las manos nuestro texto colectivo comenzará a cambiar su cantaleta. Leer nuestra historia -literal y metafóricamente- y leer nuestra propia biografía y monografía como sociedad es lo que puede revelarnos grandes pistas para conocernos y entonces de verdad crecer, si es que realmente queremos hacerlo como tanto decimos y que por cierto, también se describe en nuestros textos históricos. Si estamos dispuestos a asumir lo que somos y abandonar la doble moral, estaremos abiertos a reconocer que nuestros textos le dan vueltas y vueltas a muchos dictados en donde poco tomamos responsabilidad de aquello que construimos y de aquello que hemos permitido.

Ser honestos con lo que somos y partir de esta verdad para re-escribir un nuevo capítulo es fundamental para cambiar cualquier rumbo. Pero si seguimos repitiendo el código tendremos el mismo resultado, el mismo ADN. Los codones de un nuevo ADN se cambian con acción constante y sonante, a cada momento, en nuestras elecciones nuevas, en nuestro hacer o no hacer, en aquello que proponemos con nuestra propia vida, en el ejemplo que emanamos por donde quiera que vayamos, en ese texto del día a día que escribimos, en aquello que mentalmente comemos y que ponemos al exterior. Vivir como si nuestra página no perteneciera a ningún libro es vivir en una versión muy vieja de la historia, como si nos hubiéramos quedado atorados en el tiempo y en un solo capítulo; como si tuviéramos los cinco años de un niño que cree que sus actos no tienen consecuencias y que algún adulto en algún momento le proveerá de todo lo que necesita y lo rescatará. Es tiempo de crecer, es tiempo de madurar, es tiempo de escribir conscientes.

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