Intuyendo más 

Por Toño Esquinca

El diccionario de la RAE define a la intuición como la facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento, y como presentimiento. Y efectivamente la capacidad de intuir es una de las cualidades o dones de la conciencia. ¿Se imaginan qué haríamos sin intuición?

La intuición podría definirse de algún modo como la hermana mayor, o la abuela sabia del instinto. Por instinto sobrevivimos, por intuición nos conectamos con una de las partes más refinadas de la conciencia de ser humanos. La intuición también es el fruto de la sabiduría de todas las experiencias de nuestro camino andado, porque ningún golpe o triunfo es en vano.

Todo lo que vamos labrando a base de esfuerzo, dedicación o voluntad, va ejercitando un misterioso y evidente músculo de la mente superior, llamado intuición. Por eso es que, cuando algo es bueno para nuestro ser, como decimos en México: nos late, y lo contrario, cuando algo no nos late, al transcurrir del tiempo nos damos cuenta de que era nocivo.

La intuición es ese llamado sexto sentido que se va abriendo cuando somos capaces de tener sabiduría, es decir, de querer realmente aprender de lo que nos ocurre, de estar dispuestos a que la vida no nos pase de largo y de que aprendamos a no tropezar dos o mil veces con la misma piedra; por esto debe ser que las mujeres desarrollan este sentido mucho más rápida y amplificadamente que los hombres.

Pero lo cierto es que todos lo tenemos, y si observamos bien, las personas que consideramos más sabias son las más atinadas y certeras, porque es justamente su intuición la que les salva de atravesar por caminos innecesarios. La intuición es como el regalo de poder viajar en el tiempo adelantándonos un paso a lo que está por venir: pre-sentimiento.

Por esto es que se va ganando como ir adquiriendo habilidades al pasar materias en la escuela de la vida, y por eso se le llama don, pero no es nada místico ni oculto, sino un desarrollo de la inteligencia que se va puliendo. Aprendamos a caminar por la vida como con el cuerpo físico que se compone del ombligo para arriba y del ombligo para abajo; confíe en sus instintos, pero siempre hágalo de la mano de la sabia guía de su intuición.

Desarróllela despertando su sensibilidad hacia la vida, a los demás, a lo bueno y lo bello de la creación; inspirándose con las mentes brillantes, leyendo, viendo, escuchando, o admirando sus obras: el fruto de su talento y su mente intuitiva; aprenda a vincularse, a ser persona compasiva y clemente, a ponerse en los zapatos ajenos, a comprender más allá de sus propias necesidades.

La compasión y el aprecio desinteresado son las vitaminas del sexto sentido, el conocimiento es la maquinaria que le abre camino, y la sabiduría el fijador de un mecanismo interno que casi nunca se equivoca. La intuición le guiará a lo que es bueno para usted, aunque aquello le parezca sin mucho sentido, pues es la evocación en una sola base de datos de todo cuanto uno sabe en todas sus esferas, a todos los niveles, y en todas las capas.

Recordemos siempre también que entre menos tengamos saturado nuestro sistema de condicionamientos, más despejada tendremos la antena para intuir en lugar de prejuiciar, y para poder escuchar la voz de la conciencia superior que siempre de los siempres está intentando guiar nuestros caminos. 

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