¿Plan Nacional de Desarrollo o manifiesto del partido comunista?

Por Kenia López Rabadán

El Plan Nacional de Desarrollo presentado por el titular del Ejecutivo federal parece más un manifiesto del partido comunista que un programa que establezca los qués y cómos para dar respuesta a las principales necesidades que enfrenta nuestro país. Es por demás extraño que el texto propuesto contenga los siguientes apartados:

“Honradez y honestidad”, “No al gobierno rico con pueblo pobre”, “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”, “Economía para el bienestar”, “El mercado no sustituye al Estado”, “Por el bien de todos, primero los pobres”, “No dejar a nadie atrás, no dejar a nadie fuera”, “No puede haber paz sin justicia”, “El respeto al derecho ajeno es la paz”, “No más migración por hambre o por violencia”, “Democracia significa el poder del pueblo”, “Ética, libertad, confianza”. Estos temas –que en algunos casos fueron utilizados como eslogans de una campaña que duró más de una época, y que claramente funcionaron para eso CAM-PA-ÑA– no dan respuesta puntual a las necesidades que tiene nuestro país.

Es una lástima que el gobierno federal aún no entienda el rol que debe desempeñar para realmente brindar respuestas oportunas a los problemas que aquejan a todas y todos los mexicanos. Un plan, por darle una definición, trata de una serie de actividades con las que se realiza o pretende realizar acciones específicas. Si bien es cierto, un plan incluye ideas, propósitos, pensamientos, un Plan Nacional de Desarrollo de un país debería incluir estrategias y también algo muy importante que pareciera que este gobierno insiste en omitir y/o en decir que tienen “otros datos” –además de culpar a anteriores gobiernos–, y me refiero a metodologías que permitan medir los resultados a corto, mediano y largo plazo.

Es urgente que el presidente y su gabinete reconozcan que ya son gobierno y que las promesas se deben quedar en las campañas.

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