Sin el Coneval, solo nos quedarán los “otros datos”

Por Mariana Gómez del Campo

El primero de julio de 2018, la mayoría de los mexicanos votaron por un cambio de rumbo del país lo que ha implicado una forma diferente de ejercer el gasto público que proviene de los impuestos que pagamos todos; sin embargo, ha quedado claro que las decisiones de la administración de López Obrador se basan más en el voluntarismo presidencial, que tiene como objetivo consolidar un proyecto político personal, que en la razón.

La herramienta del tabasqueño para controlar el Estado mexicano fue, primero deshacerse del personal calificado que hacía funcionar todos los órganos y en los que se habían invertido millones de pesos en profesionalizar; después, implementar una política de austeridad irracional sin análisis y como un mecanismo para hacerlos ineficaces. Lo anterior tiene como consecuencia inevitable el desmantelamiento de la capacidad operativa del Estado mexicano.

Para el presidente, solucionar los problemas del país implica la destrucción de todas las instituciones del gobierno, lo cual no tiene ningún sentido. Pero lo peligroso es que considera que los órganos autónomos son un abuso del presupuesto público y significan “un gasto oneroso que no tiene ningún beneficio para los mexicanos”, en sus propias palabras. Esto demuestra que el presidente o no entiende la función de los autónomos o no tolera los contrapesos.

Esto mismo sucede con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), una institución autónoma que tiene como objetivo medir la pobreza en el país y evaluar tanto los programas como las políticas sociales del gobierno federal con base en elementos técnicos, pues está constituido por un grupo de investigadores académicos expertos en materia de desarrollo social que hacen las evaluaciones con estándares internacionales.

Hace unos días, el entonces Secretario Ejecutivo del Coneval publicó un artículo donde criticó el recorte del 20 por ciento su presupuesto para esa institución en 2019, ya que el impacto en el funcionamiento de la institución sería tal que no podría desarrollar sus actividades de forma normal; la respuesta de López Obrador fue separarlo de sus funciones.

Pero el relevo en este organismo es únicamente una simulación porque el deseo del presidente parece ser la desaparición de esta institución, así lo señaló en una de sus conferencias mañaneras; esto sería peligroso, y al mismo tiempo contradictorio.

Peligroso porque debido a que los programas sociales del gobierno federal ya no cuentan con reglas de operación que los hagan transparentes, la única herramienta para medir su impacto son los informes del Coneval, por lo que su desaparición significa la opacidad total.

Por otro lado, puesto que la 4T le apuesta a la redistribución de la riqueza y no al crecimiento económico, ¿por qué desaparecer un organismo que mida los resultados de la política de bienestar implementada por el gobierno federal? En pocas palabras, sin los datos duros del Coneval solo nos quedarán los “otros datos” del presidente.

Sin embargo, para un hombre que cree que gobernar “no tiene mucha ciencia”, el entramado institucional es innecesario, aunque su desaparición haga casi imposible tener políticas públicas de calidad. Después de la 4T habrá un país que necesitará ser reconstruido, aunque esa tarea parece que no será nada fácil. Al tiempo… 

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