Fundamental mantener la autonomía de la CNDH

Por Mariana Gómez del Campo

La 4T no lleva la democracia en su ADN, prueba de ello es el caos que generó la renovación de la dirigencia nacional de Morena al punto de ser anulado por la Sala Superior del Tribunal Electoral Federal porque no hay un padrón confiable y se ha desvirtuado el proceso. Están acostumbrados a que su líder les dicte línea, tan solo miremos el comportamiento de las fracciones oficialistas en las Cámaras del Congreso para percatarse de que la voluntad presidencial impera por encima de todo.

Es por ello que Morena dimensiona la importancia de la independencia de las instituciones autónomas que nos permite caminar hacia la construcción de una nación con un sistema democrático fuerte con contrapesos para que nadie, sin importar sus buenas intenciones, concentre en sí mismo demasiado poder. Bajo la premisa de que López es un presidente honesto, Morena se ha encargado de elaborar leyes a su medida bajo el discurso populista de que la voluntad del pueblo está por encima incluso de la democracia misma.

Entre esas instituciones que costó años construir se encuentra la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), organismo que tiene como objetivo promover y proteger el ejercicio de las libertades fundamentales en México, por lo que entre sus atribuciones puede resolver quejas y formular recomendaciones a los gobiernos a nivel federal y estatal. Además, tiene la facultad de presentar acciones de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia cuando considere que alguna ley federal o local lesiona los derechos humanos.

Lo anterior toma relevancia de cara al proceso de renovación del titular de la CNDH, el cual está en su fase final en el Senado de la República, en el cual se privilegió la transparencia gracias al trabajo de la Senadora Kenia López Rabadán, Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara alta.

De los 57 candidatos que se postularon, se seleccionó una terna para ser votados por el Pleno del Senado; sin embargo, ninguno ha alcanzado el voto afirmativo de dos terceras partes. Lo que llama la atención es el afán de Morena para elegir a una mujer militante de su partido y cercana al presidente de la República: Rosario Piedra Ibarra. Psicóloga de formación, es integrante del “Comité Eureka”, una organización de familiares de personas desaparecidas que ha participado en movilizaciones junto al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y la Convención Nacional Democrática fundada por López Obrador en 2006. Incluso fue candidata a diputada federal en el proceso electoral de 2018.

En la misma terna se encuentran Arturo Peimbert, abogado y extitular de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca, así como el Dr. José de Jesús Orozco, abogado investigador y ex presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; dos perfiles con probada trayectoria en derechos humanos que carecen de filias o fobias, ideales para detentar la presidencia de la CNDH.

En un momento en el que López Obrador quiere acapararlo todo, es fundamental mantener la autonomía de la CNDH para que señale al gobierno cuando sus decisiones afecten directamente al pueblo mexicano. No podemos quedarnos a merced del voluntarismo presidencial para el disfrute de nuestras libertades fundamentales, mucho menos cuando el gobierno está más ocupado en comprar votos con los programas sociales que en atender la crisis de seguridad que vivimos.

Nuevamente el balón está en la cancha de la oposición en el Senado, que puede detener la imposición de un perfil complaciente con la 4T para presidir la CNDH, de no ser así, perderemos una institución pilar de la democracia mexicana. Al tiempo…

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