Opinión

La vida en carne y hueso: Le mandé fotos en ropa interior y después…

En colaboración con Sofía…

No tuve que salir de mi cuarto para sentir el miedo más grande que alguien pudiera experimentar. Mis papás me dieron el primer celular con internet a los 12 años. Pronto mi teléfono se convirtió en mi mejor amigo.

Subí una foto en mis redes sociales con la que junte 105 likes. Me sentía la más bonita de la escuela. Recibí el mensaje de Claudio, me sentí hermosa. El mensaje decía: «desde que vi tu foto no puedo dormir. He pensado en conocerte. Tus fotos me encantan. Espero que no me rechaces. Me gustaría que fuéramos amigos».

Después de mucho pensar le respondí: «Hola Claudio, qué bueno que te gustan mis fotos y que me sigues. Sí quiero que seamos amigos y conocerte más, te mando cinco corazones porque eres muy guapo y te los mereces».

Un sábado sonó el tono de notificación era Claudio diciéndome que me superaba con cada foto, que tenía miedo de enamorarse de mí, yo también me estaba enamorando de él. Me pidió mi número de teléfono y obvió se lo di. Recibí un mensaje por chat, tenía una carita feliz y una berenjena, me dijo que quería invitarme un juego divertido. Me mando una foto de su espalda desnuda y me pidió que le enviara una igual. Me prometió que nadie vería esas fotos.

Me envió fotos en ropa interior, me dijo que era mi turno, él todo el tiempo me decía que era lo más bello que había visto en su vida. Llegó un momento en que no pude parar: le mandé fotos en ropa interior y después me la quité aun sin que me lo pidiera.

Transcurrieron 15 días desde que compartimos fotos, Claudio me envió una fotografía y un link, encontré el infierno. Había fotos y videos de niñas y niños desnudos de mi edad. Claudio me respondió: «no me llamó Claudio, no tengo 15 años, no vivo en tu país, con solo oprimir una tecla puedo hacer que tus papás vean estás imágenes. Ahora eres parte de mi colección de muñecas que me dan placer y a mis amigos. Ahora eres famosa».

«Si le dices a alguien les haré mucho daño a tus seres queridos y tú desaparecerás». Me desmayé. Gracias a ese desmayo mis papás pudieron salvarme la vida. Vi a mi papá a lo lejos con mi teléfono, descubrió lo que me estaba pasando. Mi papá llamó a la policía y le dijeron lo que tenía que hacer, y que es una forma en que los pedófilos actúan en internet.

Mi vida nunca volvió a ser igual. Ahora puedo contar mi experiencia, la tecnología es muy buena para muchas cosas, pero también es una arma poderosa. Deseo que nadie pase por lo mismo que yo viví. Hoy tengo 18 años, aún continúo en terapia.

Está es una de las historias que podrás encontrar en Alas Rotas, un libro en donde conocerás sobre la ciberpedofilia, peligros a los que en la actualidad se exponen nuestras niñas, niños y adolescentes.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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