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Opinión 08/07/2021

Contra la destrucción institucional

Las habituales dolencias que atribulan a la Cuarta Transformación fracturan con gran furor al país. Algo que para nada es nuevo con la profunda destrucción institucional que dio inicio con el arranque de la actual administración.

Frente a este daño que nos arrastra a una tullida decadencia en la construcción democrática, los organismos autónomos se han enfrentado a los embates de un renovado presidencialismo. Uno que está sujeto al asta de Palacio Nacional, mientras el partido oficial alinea sus fichas en el Legislativo para presionar a las instituciones mediante ajustes presupuestarios.

El anticipo de esto lo tuvimos a finales de 2018, cuando el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2019 tuvo un recorte para las instituciones autónomas cercano a los tres mil 500 millones de pesos.

Es decir, 950 millones al INE, 300 millones al Instituto Nacional de Evaluación Educativa, aproximadamente 280 millones al IFT, cerca de 161 millones a la CNDH y 37 millones al INAI.

Y con esta completa desfachatez, vimos primera vez asomarse por completo el rostro de la 4T en noviembre de 2019, cuando se apoderó a la mala de la CNDH. Lo dije entonces y lo repito ahora. En la elección del ombusperson se vio una mano negra que golpeó con fuerza a la Comisión y la dejó de rodillas ante el poder presidencial. Un daño del que no se ha podido recuperar.

Después, ese año, las instituciones autónomas crujieron con mayor fuerza con un nuevo ajuste por arriba de los 4 mil millones de pesos en PEF 2020, mientras que en el PEF 2021 se sintió la reprimenda que tocó los 2 mil millones de pesos.

Pero los golpeteos a las instituciones no sólo generaron un bloqueo en las actividades de estas organizaciones fundamentales para descentralizar tareas del Ejecutivo, sino que estancó en gran medida la economía nacional. Así lo vimos a finales del primer año de gobierno en el que se tuvo una contracción marginal de 0.1 por ciento.

Un efecto que se debió sobre todo a la a la reducción de inversión privada y que empujó a la economía nacional en un precipitado abismo económico que marcó un descalabro del Producto Interno Bruto (PIB) del 8.5%, de acuerdo a datos del Inegi.

Y ahora que el mundo se recupera, la situación de México no mejora por las políticas aplicadas por el gobierno; sino gracias al arrastre que tenemos por la cercanía con Estados Unidos. Nuestra economía logró agarrarse de los tobillos del crecimiento de nuestro vecino del norte aprovechando la recuperación que el gobierno no logro cuajar.

Los errores cometidos durante los casi tres años de gobierno de la 4T no sólo desmantelan a las instituciones, sino que dejan en severos aprietos a las y los mexicanos, quienes ven comprometida su economía y salud. Porque la destrucción también afectó al Seguro Popular, el cual fue borrado del mapa cuando más se le necesitaba.

A la administración reinante no le gustan las instituciones. Las ve con recelo y preferiría absorberlas porque en su juicio “…no sirven para nada…”. Pero el verdadero cuestionamiento es: ¿con qué ha sustituido los agujeros generados por su desprecio a las instituciones mexicanas? Con nada o con proyectos improvisados.

Ahí tenemos caso del Aeropuerto de Texcoco que fue cancelado a capricho del jefe del Ejecutivo. Una decisión tomada a través de una consulta patito que ni fue organizada por el INE, ni fue realizada de acuerdo a la Constitución.

Es decir, ese capricho ya nos costó mucho más a las y los mexicanos del hubiera sido terminar el proyecto. En su momento la ASF, antes del manotazo que le dio el Ejecutivo, declaró que el costo de la cancelación de ese aeropuerto sería superior a los 113 mil 327 millones de pesos. Una cifra que por cierto no ha sido actualizada hasta el momento; es más, hasta se ha dejado en el olvido.

De 2018 a 2020, como señala la Revista Nexos de este mes, los golpeos institucionales han llegado por diferentes vías, mostrando la naturaleza destructiva de la 4T que deja un rastro de retroceso ante la política anti institucional que asola nuestro país.

Ahora más que nunca, la defensa de las instituciones es primordial para preservar la democracia que tanto trabajo nos ha costado construir. Porque el México institucional es el camino para lograr una democracia más equitativa y firme para todas y todos.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.**