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Eileen Nagle sólo ve a su familia en videollamadas y visitas desde el coche, pero eso no compensa la falta de cariño que durante nueve meses ha tenido que vivir desde que la pandemia hizo que su hogar para ancianos cerrara las puertas a los visitantes.

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El Hogar Hebreo de ancianos en el distrito neoyorquino del Bronx en tiene un programa de terapia con mascotas desde hace 20 años; el pequeño Zeus y el amable gran danés Marley son los actuales mimosos de la residencia.

Ahora el departamento de actividades está ampliando el cuerpo canino con dos nuevos reclutas en entrenamiento para darles a los huéspedes más de ese contacto físico afectuoso que en épocas de coronavirus se ha vuelto tan escaso y precioso.

Las mascotas pertenecen a miembros del personal que todos los días las traen al trabajo. Pero el programa no admite cualquier perro.

Los perros tienen que ser evaluados, seguir órdenes básicas y ser capaces de arreglárselas frente a sillas de ruedas, ascensores, carros de medicamentos y todas las demás cosas que encuentran en un piso.

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