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¿Qué es el machismo y por qué es eje central de la violencia contra la mujer?

Debido al estereotipo del macho, muchos hombres legitiman y justifican socialmente sus acciones, en particular contra las mujeres.

Uno de los principales problemas que se señalan en días como este 8 de marzo es la influencia del machismo en el mundo actual; que puede definirse como un conjunto de actitudes y comportamientos que violentan injustamente la dignidad de la mujer en comparación con el varón.

“En México, el machismo sigue siendo un referente de la identidad masculina, entendido como lo que los hombres dicen y hacen para ser hombres”, de acuerdo con Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (Conavim).

La situación va más allá, pues debido al estereotipo del macho, muchos hombres legitiman y justifican socialmente sus acciones, en particular contra las mujeres.

“Los estereotipos sobre el machismo constituyen los ingredientes críticos en el capital simbólico empleado por los mexicanos comunes y corrientes [...] para muchos, el machismo es considerado como una parte constitutiva del patrimonio nacional de México; asimismo, es uno de los elementos en los que se sustenta la homofobia”, de acuerdo con Matthew Gutmann, doctor en Antropología Cultural por la Universidad de Berkeley y uno de los referentes internacionales en temas vinculados a los estudios de masculinidades. Además, es autor de “Ser hombre de verdad en la Ciudad de México. Ni macho ni mandilón”.

El machismo se compone de ciertas conductas, comportamientos y creencias que promueven, reproducen y refuerzan diversas formas discriminatorias contra las mujeres. Se construye a través de la polarización de los roles y estereotipos que definen lo masculino de lo femenino. Su principal característica es la degradación de lo femenino; su mayor forma de expresión, la violencia en cualquiera de sus tipos y modalidades en contra de las mujeres.

¿Cómo erradicar la violencia contra las mujeres?

El machismo es uno de los muchos los factores que inciden en la violencia contra las mujeres. Al igual que la desigualdad, en ocasiones se originan desde la familia, por ello es importante impulsar nuevas dinámicas en los hogares

“Desde antes de nacer, nuestra familia y la sociedad en general comienzan a formularse una serie de expectativas, como la ropa o color con el que nos vestirán, la decoración del cuarto, los juguetes que tendremos disponibles, así como los comportamientos o “reglas” que debemos seguir dependiendo de si somos niñas o niños”, comenta Celia Ramírez Zolezzi en el artículo “¿Cómo prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres desde la familia?”, publicado por el Conavim.

Estos comportamientos y actitudes aprendidos durante la infancia en el espacio familiar refuerzan los roles de género que definen lo que es ser mujer y hombre. Ejemplo de ello es que a los varones se les ha enseñado a no llorar ni mostrar debilidad, mientras que a las mujeres se les ha preparado para realizar labores domésticas y ser serviciales.

“Si bien hay rezagos de la cultura machista y patriarcal, hoy más que nunca se están produciendo diferentes modificaciones en el modelo tradicional de familia, los roles sociales de mujeres y hombres continúan evolucionando, dejando atrás viejas creencias ancestrales de que, al casarse, las mujeres deben dedicarse a “atender a su marido y sus hijos/as””, añade Ramírez Zolezzi.

“Estos cambios no solo se están dando en beneficio de las mujeres y del ejercicio de sus derechos, sino que también están dando paso a hombres más felices y liberados que no tienen que cargar con todo el peso económico y de toma de decisiones, así como a familias más plenas en donde todas y todos sus integrantes ejercen por igual sus derechos, gozan de autonomía, y donde el reparto de labores, beneficios y oportunidades es equilibrado”, concluye Ramírez Zolezzi.

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