México llega al Día Mundial Sin Tabaco con una gran paradoja: el país presume avances regulatorios contra el tabaco, pero millones de fumadores siguen atrapados entre el cigarro combustible, el bajo acceso a apoyo médico y un mercado informal de vapeadores que crece fuera de control sanitario.
El problema ya no se limita a si la gente fuma más o menos, el debate se quedó atrapado entre prohibir, sancionar y repetir estrategias que no han logrado reducir con fuerza el número absoluto de personas consumidoras.
De acuerdo con la ENCODAT 2025, el uso actual de tabaco fumado en población de 12 a 65 años bajó de 17.6% en 2016 a 15.1% en 2025.
La reducción existe sin embargo, la realidad es que cerca de 14 millones de personas siguen fumando en el país, y el dato más sensible no está en cuántas personas fuman, sino en cuántas quieren dejarlo y no encuentran ayuda.
De acuerdo con información difundida por organizaciones civiles con base en encuestas nacionales, casi tres de cada cuatro fumadores desean abandonar el consumo, pero solo una minoría recibe apoyo médico.
Ahí aparece el verdadero foco rojo, pues si millones de personas quieren dejar el cigarro y el sistema de salud no ofrece acompañamiento suficiente, la política antitabaco queda incompleta.
Especialistas resaltan que no basta con advertir el daño si no existen rutas reales, accesibles y sostenidas para dejar de fumar.
La ENSANUT Continua 2024, citada por Procurando Salud sin Fronteras, reporta una prevalencia de consumo de 19.6%, equivalente a más de 17 millones de fumadores, entre adultos y adolescentes.
Esta cifra no contradice a la ENCODAT 2025, porque ambas encuestas usan universos y reactivos distintos, lo que sí confirman las dos es el mismo problema: el tabaquismo no ha dejado de ser una emergencia de salud pública.
Vapeadores en la sombra
Y el problema creció de forma exponencial con los vapeadores y cigarros electrónicos.
La ENCODAT 2025 muestra que el consumo de cigarro combustible entre adolescentes de 12 a 17 años cayó a 2.0%, su nivel más bajo en la serie, pero el uso de cigarro electrónico en ese mismo grupo subió de 1.1% en 2016 a 3.1% en 2025.
Así, mientras el producto regulado pierde terreno entre adolescentes, los dispositivos prohibidos o restringidos siguen presentes en canales informales, sin etiquetado, verificación de ingredientes ni controles efectivos de edad.
La reforma constitucional publicada en enero de 2025 prohibió cigarrillos electrónicos y vapeadores en México, con el argumento de las autoridades de proteger la salud, especialmente de niñas, niños y adolescentes.
Sin embargo, para organizaciones que impulsan la reducción de daños, la prohibición empujó parte del mercado a la informalidad y dejó a usuarios adultos sin información sanitaria verificable.
Daño en la combustión
Una de las distinciones técnicas más relevantes del debate es la diferencia entre nicotina y combustión, y al respecto especialistas citados por las organizaciones señalan que la nicotina es adictiva, pero que el mayor daño asociado al cigarro proviene de la combustión del tabaco, que libera miles de sustancias químicas, incluidas decenas clasificadas como cancerígenas.
Cuando una persona adulta no logra o no quiere dejar de fumar en el corto plazo, puede reducir su exposición a sustancias tóxicas si cambia por productos sin combustión, siempre que estos estén regulados, verificados y lejos del alcance de menores.
No obstante, la OMS advierte que las empresas de tabaco y nicotina pueden usar el concepto de reducción de daños para promover nuevos productos y captar consumidores jóvenes.
También ha llamado a reforzar restricciones sobre sabores, publicidad y empaques que resulten atractivos para menores.
Prohibir o regular
El choque entre prohibición y regulación causa división, por un lado están quienes consideran que cualquier producto de nicotina puede abrir la puerta a nuevas adicciones, sobre todo entre adolescentes.
Del otro, quienes sostienen que los fumadores adultos necesitan alternativas reguladas si las políticas tradicionales de cesación no han sido suficientes.
La evidencia internacional también tiene datos interesantes, el sistema de salud británico reconoce que vapear es menos dañino que fumar y puede apoyar a personas adultas para dejar el cigarro, aunque insiste en que no es libre de riesgo ni debe usarse por menores o no fumadores.
Asimismo, la revisión Cochrane de 2024 encontró que los cigarros electrónicos con nicotina pueden ayudar a más personas a dejar de fumar que algunas terapias de reemplazo de nicotina, pero el proceso debe estar acompañado o supervisado por especialistas.
Mercado informal y menores
Donde sí hay consenso es en la protección de menores, ninguna estrategia seria puede permitir que niñas, niños y adolescentes tengan acceso a vapeadores, bolsas de nicotina, tabaco calentado o cigarro combustible.
Por eso, en México el tema es cómo construir una política que cierre el paso a menores, combata el mercado ilícito, ofrezca tratamiento a quienes quieren dejar de fumar y evalúe con evidencia las opciones para adultos que no han logrado abandonar el tabaco.
Mientras tanto, millones de fumadores cargan con el riesgo sanitario.



