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Caso Assange será un parteaguas para definir la libertad de expresión global

Aún quedan etapas por resolver sobre la detención de Julian Assange, periodista fundador del sitio WikiLeaks, quien expuso secretos militares de Estados Unidos.

Julian Assange. Fue detenido el 11 de abril de 2019, tras pasar 7 años en asilo político en la embajada de Ecuador en Reino Unido. (Jack Taylor/Getty Images)

Mientras activistas y defensores exigen la liberación de Julian Assange, fundador de WikiLeaks, el futuro del periodista acusado de revelar secretos militares de Estados Unidos aún está por decidirse.

El gobierno de Estados Unidos pidió el pasado miércoles al Alto Tribunal británico que revoque la decisión de una jueza de que Julian Assange no debe ser enviado a Estados Unidos para enfrentar cargos de espionaje, prometiendo que el fundador de WikiLeaks podrá cumplir con cualquier sentencia que le dicten en Australia, su país de origen.

En enero pasado, una jueza del tribunal inferior rechazó la solicitud estadounidense de extradición de Assange por delitos de espionaje en torno a la publicación de documentos militares secretos hace una década por parte de WikiLeaks. Vanessa Baraitser, jueza de distrito, negó la extradición por motivos de salud y dijo que probablemente Assange intentaría suicidarse si era retenido en condiciones duras en una prisión estadounidense.

“El caso Assange es de interés para una amplia gama de personas por una amplia gama de razones”, explica a Publimetro Samuel Berhanu Woldemariam, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Newcastle, Australia.

Julian Assange. Un detalle del sitio web de Interpol que muestra el llamamiento para la detención del editor jefe del sitio web de denuncias Wikileaks, el 6 de diciembre de 2010. (Getty Images/Getty Images)

“Para los profanos en la materia, capta la lucha de un individuo por su libertad contra algunos de los Estados más poderosos. Si bien las personas razonables no están de acuerdo con los méritos del caso, lo que es abrumador en el caso es el número de Estados que están involucrados por una u otra razón: Estados Unidos, Reino Unido, Suecia, Australia y Ecuador. Para los periodistas y profesionales de los medios de comunicación, el caso contempla la lucha por la libertad de expresión. Y para los abogados internacionales, el caso de Assange implica una serie de cuestiones de derecho diplomático y consular, leyes de extradición y protección de los derechos humanos”, añade el especialista.

Woldemariam considera que, en general, el resultado de este caso tendrá implicaciones para el periodismo, la protección de los derechos humanos y la libertad individual en un entorno internacional cada vez más centrado en el Estado.

Los fiscales federales de Estados Unidos acusan a Assange de espionaje y de usar indebidamente una computadora para publicar miles de documentos militares y diplomáticos filtrados. La pena máxima en el caso es de 175 años de prisión.

Tras una serie de acusaciones y de solicitar asilo en la Embajada de Ecuador en Reino Unido, donde estuvo aislado principalmente en un cuarto de 30 metros cuadrados durante poco más de 7 años, Assange, de 50 años, se encuentra encarcelado en la prisión de alta seguridad de Belmarsh, en Reino Unido.

Se espera que el fallo de la corte sobre la apelación actual podría demorar varias semanas. Además, la parte perdedora puede apelar ante la Corte Suprema.

¿En qué estamos y hacia dónde vamos?

“La audiencia que comenzó esta semana implicó una apelación del gobierno de Estados Unidos contra el fallo de un tribunal inferior del Reino Unido que negó la extradición de Assange citando el riesgo de suicidio”, explica el profesor Woldemariam. “El gobierno estadounidense aseguró esta semana que la seguridad de Assange no se verá comprometida e incluso insinuó la posibilidad de que fuera detenido en su Australia natal”, añadió.

Uno de los temas que más han destacado en este asunto, es la preocupación por la salud mental de Assange. “Dado el deterioro psicológico que ha experimentado desde la prolongada estancia (quizás detención es la palabra correcta) en la embajada ecuatoriana en Londres, seguida del calvario que estamos presenciando ahora, es probable que el Tribunal Superior que estudie el recurso exija algo más que meras garantías para fallar positivamente sobre la extradición”, considera Woldemariam.

“Aunque Assange ha señalado constantemente las motivaciones políticas detrás de la solicitud de extradición de Estados Unidos, es menos probable que el Alto Tribunal se enrede con la evaluación de los motivos políticos como lo hizo el tribunal inferior. Lo más probable es que la denegación de la extradición se base en la preocupación por la salud física y mental de Assange”, añadió.

Las lecciones que el mundo aprenderá del caso Assange

Para Samuel Berhanu Woldemariam, en el centro del caso de Assange está la tensión entre el derecho del público a saber cómo y qué hace su gobierno, por un lado, y la necesidad de proteger información sensible relacionada con la seguridad, por otro.

“Las revelaciones de WikiLeaks han sacado a la luz abusos de poder, crímenes de guerra e información confidencial que acusa a los gobiernos. En ausencia de estas audaces maniobras, estas violaciones permanecerían ocultas al escrutinio público. Lo que el mundo ha aprendido del caso Assange es hasta dónde llegarían los Estados para impedir la revelación de dicha información”, considera el especialista.

Finalmente, Woldemariam nota que existe una marea creciente de la opinión pública “que hace oír su voz cada vez más en apoyo de individuos como Assange y Snowden que están siendo perseguidos por exponer secretos de Estado. Hasta ahora, parece que los Estados tienen la sartén por el mango en el destino de Assange. Pero los años de apoyo incansable del público están dando sus frutos, ya que los tribunales del Reino Unido están prestando atención a la seguridad de Assange frente a las pretensiones de los Estados poderosos”.

3 PREGUNTAS CON

Ofer Raban. Profesor de derecho constitucional en la Universidad de Oregón (Cortesía)

Ofer Raban, profesor de derecho constitucional en la Universidad de Oregón y autor de The Silent Prologue: Cómo las filosofías judiciales dan forma a nuestros derechos constitucionales

¿Por qué es importante que la gente conozca el caso Assange?

El caso se refiere a la libertad de publicar información secreta del gobierno, información que la ley prohíbe hacer pública. Algunos de los mayores escándalos de la Guerra contra el Terrorismo en Estados Unidos -incluyendo el uso de la tortura por parte de la CIA y el programa de vigilancia secreta de la NSA- implicaron la publicación de dicha información clasificada. Pero hasta ahora, el gobierno de Estados Unidos se negaba a acusar penalmente a los editores y periodistas implicados, y se limitaba a perseguir a los filtradores de la información. El procesamiento de Julian Assange, que publicó la información, es por tanto un momento potencialmente decisivo.

Recientemente comenzó la audiencia de extradición de Julian Assange, ¿qué podemos esperar de este proceso judicial?

El proceso actual es una apelación a una decisión anterior del tribunal británico que denegó la solicitud del gobierno estadounidense de extraditar a Julian Assange para que pueda ser juzgado en Estados Unidos. La decisión actual, prevista para dentro de unas semanas, confirmará ese fallo anterior o lo revocará, abriendo así la puerta a una posible extradición.

¿Qué ha aprendido el mundo del caso Assange y cuáles considera que son las principales lecciones?

Las tecnologías digitales de hoy en día permiten hacer públicas enormes cantidades de documentos secretos del gobierno con unas pocas pulsaciones del teclado. En 1971, Daniel Ellsberg tardó varias semanas en fotocopiar las siete mil páginas de los Documentos del Pentágono clasificados antes de poder filtrarlos a la prensa. En 2010 y 2013, Chelsea Manning y Edward Snowden tardaron unos minutos en descargar y filtrar más de un millón de archivos clasificados. Esta nueva realidad crea enormes desafíos para los gobiernos deseosos de mantener sus secretos. Los tenaces intentos de procesar a Julian Assange, que ya duran casi una década, demuestran el compromiso del gobierno estadounidense de disuadir y castigar a los participantes en esas megafiltraciones. Pero estos intentos también amenazan con coartar la libertad de expresión y de prensa, protegidas por la Constitución.

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