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La resistencia de Azovstal se rinde tras quedarse sin munición

Casi milsoldados llevaban días sin comer y sin dormir, potabilizando agua de los altos hornos y reutilizando las vendas de los muertos en el cuerpo de los vivos. Rusia ya ha cantado victoria en la región.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, celebró la evacuación de 264 militares de la planta de Azovstal, en la ciudad de Mariúpol, tras el alto el fuego decretado por Moscú para llevar a cabo la evacuación de heridos. Sin embargo, que sus soldados hayan salvado la vida no se ha traducido en una victoria. El Ministerio de Defensa de Rusia dijo que los soldados ucranianos fueron evacuados tras “deponer las armas y rendirse” y ahora son “prisioneros de guerra”.

“Gracias a la actuación de los militares ucranianos, las Fuerzas Armadas de Ucrania, los servicios de inteligencia, el equipo negociador, el Comité Internacional de la Cruz Roja y Naciones Unidas, por salvar la vida de nuestros chicos. Entre ellos se encuentran los heridos graves, a los que se les está proporcionando ayuda médica”, ha subrayado el mandatario ucraniano.

En este contexto, Zelenski ha recalcado que «Ucrania necesita héroes ucranianos vivos». “Es nuestro principal objetivo”, ha agregado. Así, he explicado que continúan las labores “para traer a los chicos a casa, un trabajo que necesita delicadeza y tiempo”.

El ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, aseguró que Moscú cumpliría la Convención de Ginebra con los defensores ucranianos, incluso con los miembros del Regimiento Azov, uno de los objetivos de la propaganda rusa por su controvertida fundación a manos de miembros de ultraderecha en 2014, una excusa ideal para la guerra rusa de “desnazificación” pese a que hoy dicho grupo está integrado en el ejército, formado por soldados de diferentes ideologías, alejadas ya del ideario de sus orígenes por petición expresa de Joe Biden al propio Zelenski.

“Salvar la vida”. Esa es la única orden que les ha dado Oleskii Reznikov, ministro de Defensa, a los defensores de Azovstal “después de que se haya dado por cumplida su misión: contener a un grupo de 20 mil invasores rusos y evitar que avanzaran en dirección a Zaporiyia y Donetsk. Ellos son todos héroes”. Así, tras casi tres meses de carnicería y destrucción, termina la batalla de Mariupol, la más sangrienta hasta la fecha en la guerra de agresión de Vladimir Putin, que se apunta por fin su primera victoria aunque sea pírrica, con un coste de miles de vidas de soldados rusos, cientos de vehículos blindados y decenas de miles de civiles, muchos enterrados en jardines o bajo los escombros de edificios civiles como el teatro o la maternidad bombardeados por Rusia. Ahora Moscú gobernará sobre la ruina que ha contribuido a crear.

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