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El Museo del Prado mira "sin prejuicios" a la época de "intolerancia" entre judíos y cristianos en la Edad Media

El Museo del Prado ha inaugurado la muestra 'El espejo perdido. Judíos y conversos en la España medieval', en la que recupera algunas de las obras icónicas en la Edad Media que permite "mirar sin prejuicios" una época de difícil convivencia entre los cristianos y los judíos.

MADRID, 6 (EUROPA PRESS)

Comisariada por Joan Molina, la muestra reúne 71 obras realizadas con diferentes técnicas (pintura, escultura, miniatura, orfebrería, grabado, dibujo) procedentes de casi una treintena de iglesias, museos, bibliotecas, archivos y colecciones particulares españolas y extranjeras.

"Es una muestra que nos habla de fronteras, segregación, intolerancia y también convivencia: en definitiva, invita a mirar el pasado sin prejuicios", ha defendido Molina, quien remarca que esa idea de 'espejo' (que era el retrato de la época) surge de "imágenes para construir identidades y alteridades".

Dividida en cinco secciones, la muestra aborda dos siglos (desde el año 1825 hasta el 1492) en la que se recogen distintas piezas para hablar de la relación entre clases sociales en la Edad Media. Imágenes devocionales milagrosas, de conversión, satíricas o populares recorren la sala C del edificio de los Jerónimos.

El 'Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán', de Pedro Berruegute, ha sido el punto de partida de Molina para la exposición, ya que entiende esta obra como una "pieza de propaganda y retórica" de la Inquisición española. De hecho, el comisario ha calificado al autor como "pintor de Inquisición".

No obstante, la primera parte aún conserva obras en la que los judíos y los cristianos en España podían mirarse de tú a tú y se producían "intercambios". Un ejemplo de ello serían los dos manuscritos judíos de la Hagadá --en toda la exposición solo hay tres obras judías en total-- encargados por las élites a los cristianos. "Querían que fueran ostentosos para parecerse a los cristianos", ha apuntado Molina.

También hay espacio para "dibujos casi esotéricos", como el de Domingo Ram con 'El ángel apareciendo a Zacarías', hasta que a partir del siglo XIII empieza a cambiar la mirada y se inicia "una actitud beligerante". "Las imágenes complicaron las relaciones y muestran ya una violencia militante", ha explicado el comisario, poniendo como muestra las imágenes del pergamino 'Breviari d'amor', donde un diablo impide a los judíos la comprensión de las escrituras.

DE LOS CRIPTOJUDÍOS AL SAMBENITO

Numerosas caricaturas de los judíos dan paso al siguiente nivel creciente de rechazo: la expulsión de muchos de ellos y la permanencia de los conversos, que eran vistos por algunos cristianos como "criptojudíos". Así, obras como la 'Crucifixión', de Nicolás Francés --con la metáfora de la lanza de Longino como la conversión del ciego que ahora ve-- o el 'Busto de Cristo', de Antoniazzo Romano dan paso a este periodo.

Precisamente, ese busto guarda la historia de Juán López, canónigo de Segovia que terminó huyendo a Roma por las sospechas de judío que recaían sobre él. Su encargo del busto a Romano, una imagen que "apela a las imágenes más primitivas", encerraba un intento de redención que culminó con el envío de la pieza a Torquemada para "rehabilitar su nombre".

Ya a partir de 1478, con la puesta en marcha de la Inquisición española, todo cambiará, arte incluido. La última parte de la muestra reúne piezas como la 'Estatua yacente de San Pedro de Arbués' --"un monumento de exaltación al inquisidor"--, numerosa obra de Pedro Berruguete o los famosos sambenitos --iconografía dirigida a los conversos, sacos que vestían durante los procesos y que luego eran colgados en muros de las iglesias para culpar a los sucesores de los condenados--.

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