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País de garrafón: México lidera consumo de agua embotellada por desconfianza en la llave

Por fugas, tuberías viejas y almacenamientos domésticos deterioran la calidad del agua que llega a los hogares y disparan el uso de plástico de un solo uso

agua de garrafón
¿Por qué los mexicanos no consumen agua de la llave? (Foto: Gemini)

México se ha convertido en el país del garrafón. En pocos años pasó a encabezar el consumo de agua embotellada per cápita en el mundo, con cientos de litros por persona al año, impulsado por un factor que se repite en encuestas y estudios: la desconfianza en el agua que llega por la red.

Mientras en países donde la gente bebe del grifo el agua, en territorio mexicano se volvió la regla. Un análisis reciente, basado en datos internacionales, ubica el consumo nacional de agua embotellada en un rango de poco más de 270 litros por persona al año, alrededor de cinco veces el promedio mundial. Para millones de familias, eso se traduce en varios garrafones por semana y en un gasto fijo que no deja de crecer.

Detrás de ese modelo de consumo hay un problema que no se ve a simple vista: aunque el agua que sale de las plantas potabilizadoras suele cumplir la norma, se deteriora en el camino hacia los hogares por fugas, tuberías envejecidas y sistemas de almacenamiento doméstico sin mantenimiento.

tomar agua de la llave
tomar agua de la llave

Un país que bebe su desconfianza

En los últimos años, distintas mediciones oficiales y privadas muestran un deterioro en la percepción de la calidad del agua de la llave. A escala nacional, poco más de la mitad de la población considera que el líquido es “puro y cristalino”; en estados como Jalisco, la satisfacción con la pureza y calidad del agua potable cayó de 62.6% a 40.7% entre 2019 y 2023, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental.


La experiencia cotidiana sostiene esa desconfianza: vasos con sedimentos al fondo, manchas en la ropa tras el lavado, sarro acumulado en regaderas y calentadores que duran menos de lo esperado. A eso se suman reportes de agua con olor o sabor extraño en zonas de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

Cuando la gente duda del agua que sale de la llave, el primer reflejo es refugiarse en el agua embotellada”, explica Leandro Barrionuevo, cofundador de la empresa Somos PURA, especializada en soluciones de purificación en el hogar. Ese giro, añade, tiene un costo económico directo para los hogares y un impacto ambiental por la cantidad de envases plásticos que se generan cada día.

En Ecuador, el mercado de agua embotellada ha experimentado una diversificación significativa, la llegada de nuevos productos y la constante investigación.
En México el consumo de agua embotellada crece

El agua que se pierde en fugas y tuberías viejas

Los especialistas coinciden en que el problema no empieza en las plantas de tratamiento, sino en la red que lleva el agua hasta las viviendas. Estudios académicos y diagnósticos oficiales estiman que entre 30% y 50% del agua potable que se introduce en los sistemas urbanos se pierde por fugas visibles e invisibles en las tuberías.

En la Ciudad de México, diagnósticos recientes del gobierno local y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) calculan que alrededor de 40% del agua que entra al sistema se queda en el camino por fracturas, conexiones irregulares y ductos con décadas de uso. Esa combinación no solo significa desperdicio de un recurso cada vez más escaso, también abre la puerta a contaminantes externos cuando la presión en la red disminuye.

El agua sale en buenas condiciones de la planta, pero viaja por tuberías de hierro galvanizado, cemento o asbesto que ya cumplieron su vida útil. Esas redes acumulan sedimentos, se corroen y generan filtraciones. Todo eso puede afectar la calidad del agua antes de que llegue al usuario final”, señala Lucas Barrionuevo, también cofundador de Somos PURA.

En colonias de la capital y de otras grandes ciudades, las mismas fugas que no se atienden durante meses terminan provocando hundimientos y socavones, otra evidencia del deterioro de la infraestructura hidráulica subterránea.

Mexicanos gastan más de 3 mil pesos por 286 litros de agua embotellada
Un hombre empuja un triciclo para repartir agua en garrafones. CIUDAD DE MÉXICO, 04AGOSTO2020.- Un hombre reparte agua embotelalda en un triciclo en las calles del Centro Histórico. FOTO: MOISÉS PABLO/CUARTOSCURO.COM

El último tramo: de la planta al tinaco

El eslabón más frágil del sistema está en el “último tramo”: las redes secundarias y el almacenamiento dentro de las casas. Aun cuando el agua llega en condiciones aceptables a la toma domiciliaria, puede permanecer días o semanas en cisternas y tinacos que no se lavan con regularidad, con tapas dañadas o expuestos a polvo y fauna nociva.

En ese ambiente, explican especialistas, es posible que se desarrollen bacterias, que se desprendan óxidos de las paredes de los depósitos o que entren partículas desde el exterior. Si a ello se suman conexiones internas improvisadas y tuberías domésticas viejas, el resultado es que el agua que llega al vaso no siempre se parece a la que salió de la planta.

Hoy, la calidad del agua ya no se juega solo en una prueba de laboratorio, sino en la rutina diaria: en el olor que se percibe al cocinar, en los residuos que quedan al fondo de un vaso, en la película blanquecina que se acumula en la regadera o en la cafetera.

Foto: Agencia Enfoque
Planta tratadora de agua Un trabajador labora en la planta de tratamiento de aguas residuales Atoyac Sur.

Garrafón, economía familiar y economía circular

El auge del garrafón también tiene una dimensión económica. En muchas colonias, el gasto mensual en agua embotellada compite con el presupuesto para alimentos o transporte, especialmente en hogares donde prácticamente todo el consumo —beber, cocinar, preparar café o lavar frutas y verduras— depende del agua envasada.

Organismos internacionales han advertido que México figura entre los países que más volumen de agua embotellada consumen en el mundo, lo que se traduce en millones de botellas y garrafones de plástico que deben ser recolectados, reciclados o enviados a rellenos sanitarios.

La aprobación en el Congreso de la nueva Ley General de Economía Circular busca precisamente reducir la generación de residuos, promover su recuperación y alargar la vida útil de productos y materiales. En ese contexto, reducir la dependencia del agua embotellada y mejorar la confianza en el agua que llega a las viviendas se vuelve una pieza clave para avanzar hacia un modelo más sostenible.

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