El Plan General de Desarrollo (PGD) presenta una visión de ciudad robusta, progresista y con un enfoque de derechos, sin embargo, su ambición discursiva no está acompañada de una arquitectura presupuestaria ni operativa clara, lo que podría convertirlo en un instrumento meramente declarativo y no transformador.
Así lo señaló Olivia Garza, presidenta de la Comisión de Planeación del Desarrollo del Congreso de la Ciudad de México, quien advirtió que el documento enumera 22 líneas de transformación y decenas de estrategias, pero no presenta una estimación de costos por eje ni escenarios financieros que permitan evaluar su viabilidad real.
“No se sabe cuánto cuesta implementar el Plan General. El documento utiliza un lenguaje potente: derecho a la ciudad, función social del suelo, justicia territorial, urbanismo social. Sin embargo, en varios ejes estratégicos el ‘qué’ está claro, pero el ‘cómo’ es difuso”.
— Olivia Garza
Subrayó que uno de los principales vacíos del PGD es la ambigüedad en las fuentes de financiamiento, ya que aunque se habla de finanzas públicas sanas, inversión pública y corresponsabilidad privada, no se precisa cómo intervendrá el presupuesto local, qué parte dependerá de recursos federales, ni qué mecanismos permitirán atraer inversión privada sin comprometer el interés público.
“El PGD define con claridad la ciudad que queremos, pero no asegura con la misma fuerza cómo se va a pagar ni cómo se va a ejecutar. Un plan de 20 años sin costos, sin fuentes de financiamiento claras y sin candados presupuestales no es un Plan, es una carta de buenas intenciones”.
— Olivia Garza
Ante este panorama, la legisladora hizo un llamado al Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva (IPDP) para que incorpore estimaciones presupuestarias claras de las líneas de transformación y ejes estratégicos, así como la identificación precisa de las fuentes de financiamiento necesarias para garantizar la implementación efectiva del Plan General de Desarrollo.
