En Polanco y Nueva Granada el aviso de renovación dejó de ser un trámite para convertirse en un ultimátum: pagar más o salir. En edificios donde la renta suele ser corporativa —departamentos amueblados que contratan empresas para ejecutivos extranjeros o nacionales foráneos— varios inquilinos han recibido este año incrementos que brincan de 70,000 a 90,000 pesos mensuales. Son 20,000 pesos adicionales, un aumento de 28.6% que, por sí mismo, explica por qué tantas conversaciones de elevador terminan en la misma frase: “me voy a cambiar”.
El golpe no solo se percibe alto: también es desproporcionado frente a la inflación. El INEGI reportó que la inflación anual de 2025 cerró en 3.69%, de modo que el aumento de 28.6% equivale a cerca de 7.7 veces ese ritmo de encarecimiento general. En palabras simples, no es un ajuste “por costo de vida”: es una subida propia de un mercado que, para muchos vecinos, está operando con lógica de oportunidad.

La mudanza del cobro en dólares a pesos dispara la renta
Un testimonio compartido con Publimetro muestra cómo se está reconfigurando la manera de cobrar. El inquilino pagaba 3,500 dólares en mayo de 2024; en 2025 le subieron a 4,000 dólares y ahora el propietario pide 90,000 pesos, lo que, con un tipo de cambio en el rango de 17.3 a 17.4 pesos por dólar, equivale a alrededor de 5,175 dólares. El salto de 4,000 a aproximadamente 5,175 dólares implica otro aumento cercano a 29%, y si se mide desde los 3,500 originales, el encarecimiento acumulado ronda 48%. El giro, además, no es menor: antes el cobro era en dólares y hoy la presión es para pagar en pesos… pero más caro.
Detrás del cambio de moneda aparece el contexto cambiario. En los últimos dos años el peso ha vivido periodos de fortaleza frente al dólar, lo que en ciertas etapas reduce la cantidad de pesos que recibe un propietario cuando una renta está pactada en dólares. Con esa tensión como telón de fondo, varios inquilinos describen la misma escena: el dueño “pesifica” el contrato para asegurar ingresos en moneda nacional, pero aprovecha el movimiento para empujar una renta superior. El resultado termina siendo una doble carga: conversión de dólares a pesos y aumento al mismo tiempo.

El Mundial aún no arranca, pero ya dispara las rentas
A esto se suma el “factor Mundial”. Aunque el torneo todavía no comienza, la expectativa por la llegada de visitantes, personal de producción y movimiento empresarial ya se usa como argumento para recalibrar precios en zonas de alta demanda, especialmente donde se concentran corporativos, hoteles, restaurantes y rutas de fácil conexión. En ese ambiente, Polanco y el corredor de Nueva Granada se vuelven un imán para rentas de corta y mediana estancia, y cada renovación se negocia como si fuera un “nuevo mercado”.
Cuando se baja el debate al costo por metro cuadrado, los números ayudan a dimensionar el tamaño del brinco. En departamentos corporativos amueblados de 100 a 150 metros cuadrados, una renta de 90,000 pesos se traduce en rangos aproximados de 900 a 600 pesos por metro cuadrado al mes. En comparación, referencias de valuación publicadas para la zona muestran medianas significativamente más bajas, aunque con la salvedad de que el segmento amueblado premium, las amenidades y la ubicación exacta pueden empujar el precio final. Aun así, el diferencial explica por qué muchos inquilinos sienten que el incremento no responde a mejoras del inmueble, sino a una apuesta por “exprimir” el momento.

La presión no ocurre en el vacío. En los últimos cinco años, el costo de rentar en Ciudad de México también ha subido de forma sostenida: mediciones de mercado citadas por prensa especializada señalan que la renta promedio mensual pasó de 12,085 pesos en 2020 a 17,610 pesos en 2025, un incremento acumulado de 45.7%. Ese dato retrata una tendencia general, pero no justifica por sí solo aumentos repentinos de casi 30% en una sola renovación, que es justo lo que varios inquilinos dicen estar enfrentando hoy en Polanco y Nueva Granada.
El desenlace se repite: ante un incremento de ese tamaño, la gente evalúa si tiene sentido pagar el “premium” o buscar otra zona, aunque implique mudanza, depósitos, pólizas y empezar de cero. Para muchos, la decisión ya está tomada. No es solo el monto, dicen, sino el mensaje: en estas colonias, la renta dejó de ser un acuerdo de vivienda y se volvió un instrumento de especulación.
