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Mover personas, transformar ciudades: retos del urbanismo

Durante décadas, las ciudades mexicanas crecieron bajo la premisa de facilitar el uso del automóvil, pero ese modelo ha llegado a su límite

Durante décadas, las ciudades mexicanas crecieron bajo la premisa de facilitar el uso del automóvil, pero ese modelo ha llegado a su límite. Foto: Freepik.
Movilidad. Durante décadas, las ciudades mexicanas crecieron bajo la premisa de facilitar el uso del automóvil, pero ese modelo ha llegado a su límite. Foto: Freepik.

Lejos de resolver el congestionamiento, la expansión de vialidades en las ciudades de México y del mundo ha demostrado generar más tráfico, más contaminación y una menor calidad de vida. En ese sentido, la evidencia es contundente: no se trata de mover más autos, sino de mover mejor a las personas.

El problema, sin embargo, no es solo técnico, sino estructural. Este modelo ha profundizado desigualdades, donde el acceso a la movilidad —y con ello a oportunidades como educación, empleo y servicios— no está garantizado para todos.

Por ejemplo, la Escuela Abierta de Desarrollo en Ingeniería y Construcción(EADIC) de España señala que “la movilidad urbana, se ve impulsada por múltiples actores públicos y privados en la lucha contra el cambio climático y en busca de ciudades más sostenibles y más seguras”.

Así mismo, agrega que “hoy en día las urbes deben integrar cada vez más soluciones de movilidad que se basen en el uso de energías limpias y recursos compartidos”, enfatizando que nada de esto se puede lograr sin un enfoque y una visión sostenible e inclusiva en su diseño y planificación.


UNA BRECHA EVIDENTE

En muchas ciudades, quienes menos tienen son quienes más tiempo y dinero destinan a desplazarse, evidenciando una brecha que convierte a la movilidad en un reflejo de exclusión social.

Frente a este panorama, el debate ha evolucionado. Ya no se discute si es necesario cambiar, sino cómo hacerlo. La respuesta apunta hacia un rediseño profundo de las ciudades: dejar atrás el enfoque centrado en vehículos y adoptar uno que priorice a las personas.

Al respecto, la titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Movilidad de Michoacán, Gladyz Butanda Macías, ha insistido en que “no podemos seguir diseñando ciudades para los autos cuando lo que está en juego es la calidad de vida de las personas”, subrayando que la movilidad debe asumirse como un derecho y no como un privilegio.

Esto implica no solo infraestructura, sino políticas públicas integrales que consideren la diversidad de quienes habitan y transitan las ciudades.

Un ejemplo de este cambio de enfoque es la Estrategia Estatal de Movilidad y Seguridad Vial en Michoacán, que reconoce que la experiencia urbana varía según edad, género, condición socioeconómica o capacidad física. Incorporar estas diferencias en la planeación no es opcional, es indispensable para construir sistemas verdaderamente incluyentes.

Durante décadas, las ciudades mexicanas crecieron bajo la premisa de facilitar el uso del automóvil, pero ese modelo ha llegado a su límite. Foto: cortesía.
Movilidad. Durante décadas, las ciudades mexicanas crecieron bajo la premisa de facilitar el uso del automóvil, pero ese modelo ha llegado a su límite. Foto: cortesía.

SOLUCIONES INNOVADORAS

En este contexto, surgen soluciones innovadoras como los teleféricos urbanos en ciudades como Uruapan y Morelia.

Más allá de su eficiencia, estos sistemas representan una nueva forma de entender la movilidad: reducen emisiones, acortan tiempos de traslado y conectan zonas históricamente marginadas.

Para Gladyz Butanda Macías, estos proyectos reflejan que “los teleféricos no son únicamente una obra de infraestructura, sino una herramienta para conectar oportunidades, reducir desigualdades y transformar la forma en que habitamos nuestras ciudades”, reforzando su valor social más allá del componente técnico.

Además, su integración al entorno urbano transforma el espacio público. Las estaciones dejan de ser simples puntos de tránsito para convertirse en centros de actividad que articulan comercio, servicios y convivencia, revitalizando comunidades y fortaleciendo el tejido social.

Sin embargo, el verdadero reto no es tecnológico, sino cultural y político. Implica replantear prioridades, redistribuir el espacio urbano y cuestionar el papel central que ha tenido el automóvil en la vida cotidiana.

EL FUTURO

Según el Banco Mundial, la movilidad urbana hace referencia al movimiento de las personas y bienes en las ciudades, independientemente del medio que utilicen para desplazarse, este puede ser: a pie, en transporte público, automóvil, bicicleta, etc.

Indiscutiblemente, la movilidad urbana es un elemento social fundamental ya que es la vía de acceso a la vivienda, el trabajo y los servicios en nuestra vida cotidiana

A medida que las ciudades continúan creciendo, la contaminación y la congestión del tráfico son dos desafíos que inciden directamente en el desarrollo de los servicios de movilidad.

Hoy en día, con un enfoque a futuro, el desarrollo urbano requiere de opciones y servicios de movilidad sostenible y eficiente que estén en constante evolución en consonancia con las demandas de la sociedad.

La movilidad del futuro no dependerá de una sola solución, sino de sistemas integrales capaces de responder a las necesidades de la población. Lo que está en juego es mucho más que el transporte: es la posibilidad de construir ciudades más sostenibles, equitativas y humanas.

Porque transformar la movilidad no es solo cambiar la forma en que nos desplazamos, sino redefinir cómo vivimos y compartimos la ciudad.

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