Antes de que su nombre quedara ligado a una tragedia, Amin Abdullah era para muchos el primer rostro amable al llegar al Centro Islámico de San Diego, informó Metro World News luego del ataque de este lunes en San Diego.
De acuerdo con reportes de la prensa local, quienes lo conocían lo recuerdan como el guardia que recibía a los asistentes con una sonrisa y con el saludo “as-salamu alaikum”, una expresión de paz que para la comunidad también era una forma de sentirse en casa.
Abdullah trabajó durante más de una década en la mezquita de San Diego, donde estaba casi todos los días, según relató a AP el jeque Uthman Ibn Farooq, amigo de la familia.
Farooq lo describió como un hombre que eligió ser guardia de seguridad porque quería proteger a personas inocentes, esa vocación, dijo, fue parte de su vida y también de sus últimos momentos.
Protegió a la comunidad
El jefe de la Policía de San Diego, Scott Wahl, no lo identificó por nombre en su primera declaración, pero sí destacó que un guardia de seguridad tuvo un papel fundamental para evitar que el ataque fuera más mortal.
Wahl afirmó que las acciones de Abdullah fueron heroicas y que, sin duda, salvaron vidas.
La cadena local ABC 10News, citando al Consejo de Relaciones Islámico-Estadounidenses, informó que Abdullah arriesgó su vida para alertar a la escuela y a otras personas dentro del complejo sobre el atacante activo.
Esa alerta fue clave para que personal y maestros reaccionaran dentro del centro, que también alberga actividades educativas para niñas y niños.
Una comunidad rota por su muerte
El dolor por la muerte de Abdullah no se explica solo por lo que hizo durante el ataque, sino por lo que representaba todos los días para quienes acudían al Centro Islámico de San Diego.
Testimonios de asistentes lo describieron como un hombre alegre, atento y siempre pendiente de los demás, por lo que para muchas familias, su presencia era parte de la rutina: verlo en la entrada significaba seguridad.
Padre, creyente y protector
La historia de Abdullah también está marcada por su fe, en un video de YouTube él contó que fue criado como cristiano y que encontró el islam después de graduarse de la secundaria.
Su amigo Uthman Ibn Farooq relató que lo conoció poco después de su conversión en la década de 1990. También contó que, años más tarde, ambos hicieron juntos la peregrinación a La Meca.
Abdullah estaba dedicado a su esposa y a sus hijos, y de hecho, ABC 10News, señaló que la comunidad también lo recordó como un padre profundamente querido.
En medio del duelo, su nombre comenzó a repetirse no solo como una víctima más, sino como el de un hombre que cumplió hasta el final con la responsabilidad que había elegido: cuidar a otros.
Ataque en mezquita
El tiroteo ocurrió este lunes en el Centro Islámico de San Diego, una de las mezquitas más importantes del condado, donde además de oraciones diarias se realizan actividades comunitarias, educativas y religiosas.
Tres hombres murieron durante el ataque y dos adolescentes señalados como presuntos agresores fueron encontrados muertos posteriormente con aparentes heridas autoinfligidas.
Las autoridades investigan el caso como posible crimen de odio, aunque al parecer no se había identificado una amenaza específica previa contra el centro; sin embargo, las autoridades señalaron que encontraron indicios de mensajes de odio generalizado vinculados a los sospechosos.
Por ahora la comunidad se une en un sentimiento por encima del horror: la de Amin Abdullah avisando, protegiendo y tratando de ganar segundos para que otros pudieran vivir.
