Colombia decide este domingo mucho más que el nombre de su próximo presidente, la elección definirá si el país mantiene el rumbo social y de negociación heredado por Gustavo Petro o si gira hacia una agenda de derecha centrada en seguridad, orden público y combate frontal a los grupos armados, explica el portal Metro World News.
La contienda está en manos de más de 41 millones de ciudadanos habilitados para votar en el país y en el exterior.
En la práctica, los electores enfrentan tres opciones políticas principales: el oficialismo de Iván Cepeda, la derecha dura de Abelardo de la Espriella y el conservadurismo uribista de Paloma Valencia.
La elección se realiza en un país polarizado, con alertas por violencia, crisis del sistema de salud, cuestionamientos por corrupción y una política de paz que no logró desarmar a las principales estructuras criminales.
Continuidad de Petro
Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, representa la continuidad más clara del proyecto de Petro, su apuesta pasa por ampliar programas sociales, sostener una mayor presencia del Estado en salud y pensiones, y mantener abierta la vía de negociación con grupos armados.
Cepeda defiende la idea de que Colombia necesita profundizar la agenda social y proteger a líderes sociales, víctimas del conflicto y comunidades golpeadas por la violencia.
También ha planteado que cualquier diálogo de paz debe estar condicionado a que los grupos armados dejen de asesinar y atacar a la población.
Su principal fortaleza es que llega como favorito en varias encuestas y con una trayectoria ligada a derechos humanos y procesos de paz.
Su principal riesgo está en una eventual segunda vuelta, donde las fuerzas conservadoras podrían unirse para frenar la continuidad del petrismo.
Mano dura de derecha
La segunda opción es Abelardo de la Espriella, empresario, abogado y candidato de derecha que se presenta como un outsider contra la política tradicional.
Su campaña ha crecido con un mensaje de autoridad, choque contra el crimen y recuperación del control territorial.
De la Espriella tomó como referencia discursos de líderes como Donald Trump y Nayib Bukele, y plantea una respuesta más dura contra narcotráfico, extorsión, secuestro y grupos armados ilegales.
Su propuesta conecta con votantes que consideran que la violencia está fuera de control y que la política de negociación de Petro fracasó.
El riesgo de esa ruta es que profundice el choque político y cierre espacios de diálogo en un país que aún arrastra décadas de conflicto interno.
Opción uribista
La tercera ruta está representada por Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático y figura cercana al expresidente Álvaro Uribe.
Su plataforma también apunta a reforzar operaciones militares contra grupos armados, aumentar medidas punitivas y revisar el enfoque de los acuerdos de paz de 2016.
Valencia busca presentarse como una opción conservadora con énfasis en seguridad, austeridad, reducción de impuestos para empresas y defensa de valores tradicionales.
Aunque aparece detrás de Cepeda y De la Espriella en varias mediciones, su candidatura mantiene peso por el respaldo del uribismo y por su capacidad de influir en una eventual alianza de derecha si la elección llega a segunda vuelta.
Seguridad y salud
El próximo presidente recibirá un país con desafíos urgentes, sobre todo porque la seguridad volvió al centro de la conversación por la presencia de disidencias, guerrillas, bandas criminales y estructuras ligadas al narcotráfico y la minería ilegal.
La Fundación Ideas para la Paz calcula que hay cerca de 27 mil personas alzadas en armas, además de que el país enfrenta alertas por violencia electoral, compra de votos y presión de grupos ilegales en algunas zonas.
La salud también pesa en la decisión, la reforma sanitaria de Petro quedó archivada en el Congreso después de más de un año de debate, mientras persisten quejas por falta de medicamentos, problemas de gestión, recursos insuficientes y presión en zonas fronterizas.
El rumbo del país
Si gana Cepeda, Colombia podría insistir en una ruta de Estado social, reformas pendientes y diálogos condicionados con grupos armados.
Si gana De la Espriella, el país podría moverse hacia una agenda de seguridad dura, con énfasis en autoridad y combate directo.
En caso de que Valencia avance, el giro sería conservador e institucional, con el uribismo de nuevo como actor decisivo.
La elección también pondrá a prueba la gobernabilidad, el próximo presidente deberá negociar con un Congreso dividido, donde el Pacto Histórico conserva peso y las fuerzas de derecha necesitarán alianzas para imponer agenda.
Por eso la votación no solo define a un sucesor de Petro, define qué idea de país quieren los colombianos para los próximos años: más negociación social, más mano dura o un retorno conservador con promesa de orden.



