En 2018, la artista principal del festival Coachella fue Beyoncé. Era la primera vez que una mujer afroamericana encabezaba el festival musical más relevante de Estados Unidos. Beyoncé no iba a desaprovechar esta oportunidad y llevó el showmás espectacular de su historia: una banda de guerra de más de 100 músicos, decenas de bailarines, una pirámide gigantesca en el escenario y cambios de ropa de alta costura. Se dice que los más de 200 artistas ensayaron durante 4 meses, con cámaras sincronizadas, paso por paso. Este concierto se vendió, además, a plataformas de streaming.
El BeyChellafue un evento único e histórico para el festival. Las consecuencias de este acto fueron tremendas para la industria: dejó la vara tan alta, pero tan alta, que a partir de ese año los artistas principales trataron de ser lo más espectaculares posibles. Nunca nadie ha tenido una producción como la de Beyoncé en 2018. Nadie ha logrado igualar lo que se vivió ese año.
Y Justin Bieber lo entendió perfectamente.
El sábado pasado, Justin Bieber fue el artista principal en el festival californiano. Y él no trató de competir con espectacularidad, sino con un showque nadie esperaba: minimalista, íntimo y hasta un poco lo-fi.
Justin apareció en el escenario con una sudadera rosa y lentes oscuros. Sin grandes estructuras, enfocó el concierto en su voz, que sonaba impecable. Parecía que el objetivo era demostrar que ahora se mueve en círculos más artísticos y menos comerciales. Y es que a Justin Bieber siempre se le ha etiquetado de artista pop “plástico”: trae encima el estigma de ser el primer gran artista descubierto en internet y su etiqueta en un principio fue “música para chicas adolescentes”.
Justin no se avergüenza de ello y el sábado lo mostró con orgullo. Una parte del showfue cuando se sentó frente a una laptop en el escenario y, en tiempo real, navegó en YouTube frente a 100 mil personas. Cantó fragmentos de “Baby”, “Sorry” y “Never Say Never”. Mostró videos de hace 15 años que fue un golpe de nostalgia.
En un mundo dominado por la IA y los filtros, Justin decidió ir hacia atrás: regresar a sus orígenes, cuando la vida era mucho más sencilla.
Claro que su showno se centró solo en eso. Tuvo grandes invitados como The Kid LAROI, con quien cantó Stay. Mk.gee lo acompañó con la guitarra para cerrar con Daisies. También contó con el ritmo afrobeatde Tems y Wizkid. Un punto muy viral fue cuando puso a todo el público a cantar “Hallelujah” o cuando a mitad del set dijo: “No estoy aquí para darles un showperfecto, estoy aquí para estar presente con ustedes”.
Las críticas no han faltado para esta presentación: para muchos fue demasiado sobria, sin energía. Para otros, fue una genialidad: Justin es un artista que creció digitalmente y esta es una manera de darle calma a una generación que está cansada de mantenerse siempre al máximo. Lo que es una realidad es que este “Bieberchella” pasará a la historia.
