Hay ciudades que no necesitan presentación, pero sí nuevas formas de ser vistas. El Centro Histórico de la Ciudad de México siempre ha estado sólido, monumental, cargado de historia en cada piedra, en cada balcón, en cada trazo que sobrevivió a siglos de transformaciones. Por lo que, en este momento, desde el Gobierno de la CDMX hemos decidido darle un impulso para preservarse y reinterpretarse a través de una imponente iluminación.
Durante años hemos caminado sus calles bajo la lógica del día: el bullicio, el comercio, la prisa. Sin embargo, cuando cae la noche, en la obscuridad, la ciudad se tornaba más esquiva. Por eso la intervención reciente encabezada por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, es una decisión de fondo sobre cómo queremos habitar y proyectar nuestro patrimonio.
Hoy, 57 kilómetros de calles del Centro Histórico han sido iluminados con un sistema integral que incorpora 6,774 nuevas luminarias distribuidas en 134 vialidades, junto con la intervención artística de fachadas, monumentos, plazas y parques. A eso se suma la iluminación de 15 edificios históricos, que en conjunto abarcan más de 73 mil metros cuadrados de superficie arquitectónica resaltada. Es una cifra que habla de una transformación deliberada.
La luz, cuando está bien pensada, no sólo permite ver: narra. En el cine, la iluminación define emociones; en la ciudad, define pertenencia. Hoy, esos edificios que durante el día cuentan una historia, por la noche hoy la subrayan, la enfatizan, la vuelven experiencia. Detalles que antes pasaban desapercibidos ahora dialogan con quien camina, con quien observa y con quien redescubre el Centro como si fuera la primera vez.
Lo más importante detrás de esta intervención es su impacto en la vida cotidiana. La iluminación también es seguridad. Espacios mejor iluminados son espacios más habitados, más transitados, más apropiados para la gente. La apuesta en el Gobierno de la CDMX consiste en que el Centro Histórico sea un lugar seguro que se pueda disfrutar a cualquier hora.
En ese sentido, esta acción forma parte de una estrategia más amplia que busca recuperar integralmente el corazón de la ciudad. De la misma manera, se impulsa la construcción de 4,500 viviendas en la zona para evitar su despoblamiento y devolverle su vocación residencial, así como proyectos como el Centrobús eléctrico, el reordenamiento del comercio en vía pública y el rescate de 54 plazas. Todo apunta en la misma dirección: hacer del Centro un espacio seguro, atractivo, habitable y plenamente integrado a la dinámica cotidiana de la ciudad.
Por lo tanto, la iluminación, es apenas la puerta de entrada. Detrás de ella hay una visión de ciudad que entiende que el patrimonio se conserva activándolo. Que la cultura no es sólo memoria, sino presente y que el desarrollo económico también pasa por generar condiciones para que la gente quiera estar, disfrutar, caminar, consumir y quedarse.
Lo que hoy vemos encendido es una declaración sobre la ciudad que queremos proyectar hacia adentro y hacia afuera. Una ciudad que se reconoce haciendo historia.
Esta intervención además de ser una infraestructura plenamente innovadora, impulsa que volvamos a mirar el Centro Histórico con otros ojos. Que entendamos que la ciudad también se construye desde la percepción, desde la emoción y desde la experiencia compartida.
En ese sentido, la luz vino a la fiesta y llegó acompañada de la certeza de que el corazón de la Ciudad de México late con toda su fuerza, de día y de noche.
César Cravioto es Secretario de Gobierno de la CDMX