Opinión

La prevención en el mundial

En todo gran evento internacional existen riesgos que deben analizarse y anticiparse.

El Mundial 2026 será mucho más que un torneo deportivo: será una prueba de organización, confianza y compromiso colectivo. México compartirá con Estados Unidos y Canadá un evento de escala planetaria, y eso nos obliga a mirar más allá de la emoción del balón. La verdadera competencia estará en la cancha de la seguridad y la prevención.

En todo gran evento internacional existen riesgos que deben analizarse y anticiparse. Desde delitos comunes como el robo de celulares o pasaportes en zonas turísticas, hasta riesgos más complejos como la trata de personas, los fraudes electrónicos, el sabotaje cibernético o la infiltración del crimen organizado en actividades comerciales. Mencionarlos no significa alarmar: significa planear con responsabilidad.

En concentraciones masivas, los riesgos se multiplican. El turista que confía, el comerciante que se distrae o el ciudadano que baja la guardia pueden convertirse en blanco fácil. Por eso, la seguridad no puede limitarse a uniformes y cámaras; debe sustentarse en tres factores esenciales: prevención, colaboración y corresponsabilidad.

La prevención empieza antes del problema. Supone revisar accesos, protocolos, transportes, hospedajes y puntos de reunión. Es anticipar escenarios y reducir vulnerabilidades. Pero también es educar, informar y sensibilizar. Un visitante informado es menos vulnerable que uno confiado.


La colaboración es la segunda clave. Ninguna institución puede sola. Se requiere coordinación entre autoridades locales, federales e internacionales, pero también entre empresarios, ciudadanos, hoteles, aeropuertos, estadios y sistemas de transporte. Cada uno tiene una parte de la responsabilidad colectiva. La confianza entre sectores será el verdadero blindaje.

Y la corresponsabilidad completa el triángulo. No se trata de delegar la seguridad, sino de asumirla. Todos somos parte de la solución. Denunciar, prevenir, compartir información, cuidar los entornos y actuar ante irregularidades es una forma de protección mutua. La seguridad empieza en cada uno, pero se consolida en comunidad.

Los riesgos existen, sí. Pero también existen las oportunidades de hacer las cosas bien. Si logramos unir inteligencia con voluntad, y planeación con participación, el Mundial 2026 podrá convertirse en una vitrina de confianza, modernidad y eficiencia.

No se trata solo de evitar tragedias, sino de generar certidumbre. La prevención no es miedo: es preparación. Es prever para no lamentar. Así como los jugadores entrenan meses para evitar errores, la seguridad debe entrenarse todos los días.

Mi consejo es claro: no subestimemos los riesgos, pero tampoco exageremos los temores. Actuemos con estrategia, responsabilidad y unidad. La mejor defensa no se improvisa: se construye con anticipación, planeación y confianza.

El Mundial será una oportunidad única para demostrar que la seguridad puede ser sinónimo de hospitalidad. Que el orden y la prevención son parte del orgullo nacional. Que el país que recibe al mundo puede hacerlo con la mejor de sus virtudes: su gente.

Hacer el bien, haciéndolo bien.

@LuisWertman

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