Opinión

Mentes grises contra mentes coloridas

La CDMX mantendrá el ajolote y el color morado como emblemas de la administración capitalina
La CDMX mantendrá el ajolote y el color morado como emblemas de la administración capitalina

Ocho años. Ocho años del mismo berrinche, solo que cada vez más desesperado, más pequeño, más ridículo. Ocho años buscando el argumento que los regrese al poder, que les devuelva la relevancia, que les haga sentir que siguen siendo necesarios. Ocho años atacando cada obra, cada programa, cada símbolo de que este país está cambiando. Y después de todo ese tiempo, después de tanto esfuerzo intelectual, el gran hallazgo de la oposición mexicana es que la Ciudad de México tiene ajolotes en los puentes y está pintada de morado.

Así de derrotada está la moralmente fracasada oposición.

Hay algo profundamente revelador en que esto sea lo que les duele. No les duele que haya obra -y vaya que la hay-. Calzada de Tlalpan, Insurgentes, el entorno del Estadio Ciudad de México. Banquetas nuevas, ciclovías, luminaria, todo transformado. Calles que los que vivimos aquí conocemos de memoria. Las que cruzamos cada mañana. Esas mismas están cambiando. Una cuarta parte de todas las vialidades primarias de la ciudad recibieron pavimentación nueva en un solo programa. No les duele el transporte, porque el Tren Ligero, ese que tomamos para ir al trabajo, para llegar al partido, para movernos por esta ciudad enorme, recibió 17 unidades nuevas. No les duele la señalética, todas las intervenciones cumplen con la normatividad vigente: La señalización obligatoria en carriles, los cruces peatonales y los dispositivos de tránsito, todo mantiene los colores que marca la norma. El Mundial es el escaparate. Pero la obra se queda. Se queda para nosotros. Lo que les duele es otra cosa.

Les duele el color. Les duele la alegría. Asómense a los estados que hoy gobierna la derecha y díganme qué ven: bardas grises, presidencias municipales grises, espacios públicos abandonados, colonias que llevan décadas esperando que alguien las voltee a ver.


Cuando ellos gobernaron este país lo hicieron exactamente así, desde la idea de que el pueblo no merece color, no merece belleza en su calle, no merece salir de su casa y que el barrio le devuelva algo de dignidad. Esa es su marca. Esa es su herencia. Y hoy que ven una ciudad que amanece con un ajolote sonriéndoles desde el puente peatonal, que ven muros con vida y transporte con identidad, les carcome. No porque sea un error. Sino porque es un espejo. Y en ese espejo solo se ven a ellos mismos: grises, vacíos, sin propuesta, sin pueblo, sin color.

Quien critique el color simplemente no conoce a México. Vayan a un mercado. Vayan a un pueblo mágico. Vayan a Xochimilco un domingo. ¿Alguien ha visto alguna vez a un mexicano que elija lo gris cuando puede elegir lo colorido? Nuestros mercados, nuestros textiles, nuestras fiestas, nuestros altares: todo es color, todo es símbolo, todo es vida. La austeridad visual no es una virtud mexicana. Es una imposición de quienes nunca entendieron a este país.

La presidenta Claudia Sheinbaum criticó a quienes han usado este proyecto para lanzar comentarios clasistas. Y sí, clasistas es la palabra exacta. Porque quienes se burlan del morado y el ajolote son exactamente los mismos que se burlaban de que la gente de Iztapalapa tuviera parques bonitos. Los mismos que consideran que la dignidad en el espacio público es un lujo que ciertas colonias no merecen.

Esta ciudad ya eligió el color.

César Cravioto es Secretario de Gobierno de la CDMX

Tags

Lo Último