Opinión

Zona Rosa: memoria, inversión y ciudad

Rehabilitación de la Zona Rosa
Rehabilitación de la Zona Rosa

En su libro Tengo que morir todas las noches, Guillermo Osorno retrata la gestación de la vida gay moderna en la Ciudad de México, principalmente entre los años setenta y noventa del siglo pasado. Ese relato no se puede entender sin pensar en territorios concretos: la Zona Rosa es protagonista indiscutible. Ahí convergían clases sociales distintas, florecía la escena musical y gastronómica de la capital y se construía, calle por calle, un nodo de diversidad sin equivalente en el país.

Desde ese espacio también se puede narrar el cambio de la ciudad: el sismo de 1985, la gestación de movimientos sociales urbanos, la transición política de la capital y, finalmente, su consolidación como una ciudad de derechos. La Zona Rosa no es solo un barrio; es un archivo vivo de lo que la Ciudad de México decidió ser.

Desde hace algunos años, el desarrollo inmobiliario alrededor del Paseo de la Reforma ha reconfigurado el perfil de la zona. El tipo de público cambió, los gustos cambiaron y la demanda de servicios siguió esa misma corriente. Negocios históricos cerraron y abrieron establecimientos orientados a la nueva clientela. Sin embargo, como sucede con los espacios que tienen identidad propia, la comunidad resistió, se organizó y empujó por la recuperación del barrio.

El martes 26 de mayo, la Jefa de Gobierno inauguró una intervención urbana de fondo en la Zona Rosa. Las calles de Amberes, Génova, Londres y la entrada a la Glorieta de los Insurgentes fueron remodeladas con banquetas más amplias, nuevo alumbrado, jardineras y señalética turística. La inversión supera los 100 millones de pesos. A esto se suma que la Secretaría de Turismo Federal instalará en la Glorieta de los Insurgentes un módulo de atención para visitantes internacionales, con miras al Mundial de Futbol 2026.


Zona Rosa
Zona Rosa Genova

Hay dos aspectos de esta intervención que merecen destacarse por encima de la cinta inaugural. El primero es el modelo de financiamiento: los recursos provienen principalmente del fideicomiso de parquímetros, lo que significa que lo que pagan los automovilistas por usar infraestructura urbana se reinvierte directamente en las colonias donde operan esos parquímetros. Esta lógica de retorno territorial debería ser la norma, no la excepción, en las ciudades mexicanas.

El segundo es el proceso. A diferencia de intervenciones previas, esta se diseñó con el acompañamiento activo de vecinos y asociaciones de empresarios de la zona. La inclusión de la comunidad LGBTQ+ en ese proceso no fue un gesto simbólico, fue un compromiso de que la memoria de la diversidad permanezca como eje identitario del barrio.

La Zona Rosa que inaugura obras el 26 de mayo de 2026 es la misma que resistió el sismo, que vio nacer el activismo gay organizado en México y que hoy se prepara para recibir a visitantes de todo el mundo durante el Mundial de Futbol 2026. La nueva infraestructura peatonal, el módulo de atención turística y el compromiso con la memoria del barrio son la base para que este corredor consolide su lugar como uno de los destinos urbanos más singulares de América Latina. Que así sea.

Radar: Junto con este corredor cultural, turístico y gastronómico se inauguró el primer sistema de baños públicos de la Ciudad de México. Con esto se pone a la vanguardia de latinoamérica y a la par de otras grandes capitales.

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